miércoles, 1 de diciembre de 2010

Certezas y controversias en el estudio de la emoción

Certezas y controversias en el
estudio de la emoción
Francesc Palmero
Cristina Guerrero
Consuelo Gómez
Amparo Carpi
Universitat Jaume I de Castellón
Revista Electrónica de Motivación y Emoción http://reme.uji.es
REME Volumen IX Diciembre 2006 Número 23-24
Resumen
La emoción es uno de los procesos que sistemáticamente ha sido postergado en gran
parte de las investigaciones llevadas a cabo en el pasado siglo. Sin embargo, a lo largo
de las dos o tres últimas décadas se ha producido un incremento exponencial en el
estudio de dicho proceso. Este avance singular, relevante en sí mismo, ha dado lugar a
una gran aglomeración de trabajos, de ideas y de teorías acerca de la emoción,
produciendo, entre otras cosas, un abanico tan amplio de posibilidades que resulta
prácticamente imposible tomar una panorámica definida de la emoción, tanto cuando se
la considera como una respuesta adaptativa, como cuando se la considera como un
proceso básico. A ello le podemos añadir la utilización de forma intercambiable de los
distintos términos y variables afectivas que forman parte de los procesos afectivos en
general, entre ellas el afecto, el humor, la emoción, o el sentimiento. En el presente
trabajo intentamos delimitar algunas de las particularidades afectivas que han
propiciado serios debates y controversias. Cierto es que, en algunos casos, el tema sigue
sometido a debate, pues la propia complejidad del asunto dificulta seriamente concluir
algo concreto. Sin embargo, en otras ocasiones, ha sido la utilización incorrecta de los
términos lo que ha llevado al desacuerdo.
Palabras clave: emoción, afecto, humor, sentimiento
Abstract
Emotion is one of the processes that systematically has been deferred in a large part of
the investigations carried out in last century. However, along the last three decades an
exponential increment has taken place in the study of this process. This singular
advance, outstanding in itself, has given place to a great mass of works, ideas and
theories about the emotion, appearing, among other things, a world so wide of
possibilities that is practically impossible to take a defined panoramic of the emotion, so
much when it is considered as an adaptative answer, as when it is considered as a basic
process. Besides, we can add the use in interchangeable way of the different terms and
affective variables that are part of the affective processes in general, among them the
affect, the humor, the emotion, or the feeling. Presently work tries to define some of the
affective particularities that have propitiated serious debates and controversies. Certain
it is that, in some cases, the topic continues subjected to debate, because the own
complexity of the matter hinders seriously to conclude something concrete. However, in
other occasions, it has been the incorrect use of the terms what has taken to the
disagreement.
Key words: emotion, affect, mood, feeling
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1.- De la definición
La definición de la emoción es imprescindible en cualquier empresa científica
que pretenda comprender el funcionamiento de un proceso tan vital, aunque complejo,
para la adaptación y supervivencia de cualquier organismo: "Las definiciones de la
emoción no son más que modelos funcionales expresados en palabras, y es difícil
concebir cómo alguien podría llegar muy lejos sin intentar formularlas" (Lyons, 1993,
p. 4). Sin embargo, son tantas las definiciones existentes que, probablemente, se ha
dicho todo lo que es, e incluso mucho de lo que no es, una emoción. El problema
deviene irresoluble cuando tratamos de hacer congruentes tantas y tan diversas
concepciones de la emoción. Dicho de otro modo, con estos presupuestos, definir el
concepto de emoción con la sana idea de coincidir con otros autores muchas veces
resulta una auténtica utopía. Las emociones son complejos procesos que han sufrido los
sesgos peculiares que imponen las tendencias dominantes en cada época; no hay más
que echar un vistazo retrospectivo para contemplar cómo desde la filosofía de los
clásicos griegos hasta nuestros días las concepciones acerca de la emoción no son sino
la manifestación, una más, de las distintas escuelas, orientaciones y planteamientos
vigentes en ese momento. Las definiciones aceptadas sobre la emoción en una
determinada época son el reflejo de la tendencia dominante en dicha época. En el
ámbito filosófico, la teorización emocional ha ido a remolque y ha sido fiel reflejo de la
teorización general acerca de la mente; en el ámbito psicológico, las teorizaciones
acerca de la emoción se enmarcan en el más amplio espectro de la teorización sobre los
mecanismos de adaptación general.
Parece un hecho constatado en la actualidad que, tradicionalmente, la emoción
no ha sido estudiada con la misma profundidad que otros procesos psicológicos
(Damasio, 2000). Si a ello le añadimos que la emoción puede ser considerada como un
proceso en el que intervienen los distintos componentes de la misma, observaremos que,
en la medida en la que cada autor se centra en alguno de ellos en sus investigaciones,
plantea una definición de emoción que difícilmente coincide con la de otro autor
interesado en otro de los componentes. Por estas razones, como repetidamente ha
señalado Mandler (1975, 1984), intentar establecer una definición consensuada de
Emoción es prácticamente imposible en la actualidad. Es, precisamente, la ausencia de
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una definición ampliamente aceptada lo que impide el asentamiento de una aceptable
teoría de la emoción (Scherer, 2000, 2001).
Ha habido diversos intentos para clasificar las definiciones de emoción. Así,
Fantino (1973) recopila hasta 11 definiciones, concluyendo, al igual que Duffy (1941),
que el concepto de “Emoción” aporta muy poco, o nada, a la Psicología; por su parte,
Plutchik (1980) encuentra 28 definiciones, poniendo de relieve la poca consistencia
entre ellas. En general, algunas definiciones acentúan los aspectos conductuales, otras
los aspectos fisiológicos; algunas son bastante precisas, otras mucho más vagas y
ambiguas; algunas plantean el carácter adaptativo, otras los efectos desorganizadores.
Hasta la fecha, la clasificación más detallada que conocemos ha sido realizada
por Kleinginna y Kleinginna (1981), quienes recopilan hasta 101 definiciones del
concepto de “Emoción”, conseguidas a partir de diccionarios de Psicología, así como
textos de “Emoción”, “Motivación”, “Psicología Fisiológica” e “Introducción a la
Psicología”. Una de las conclusiones que proponen los autores se refiere al hecho de
que, en general, el estudio de las emociones se debe llevar a cabo considerando los
factores subjetivos, los factores ambientales y los procesos hormonales/neurales. La
estructuración que realizan estos autores está conformada por once categorías, tomando
como criterio categorizador las características más destacadas en la definición. Las
categorías en cuestión son las siguientes: afectiva, cognitiva, basada en la estimulación
exterior, fisiológica, emocional/expresiva, disruptiva, adaptativa, multifactorial,
restrictiva, motivacional y escéptica.
2.- Los acuerdos y las divergencias
La proliferación de trabajos en los que se aborda de forma individualizada e
independiente el estudio de la emoción ha proporcionado una cantidad enorme de
información, en muchos casos incompleta, en otros inservible. Creemos que la cantidad
de información científica sobre la Emoción ha alcanzado un punto en el que es difícil
conseguir una buena perspectiva de la situación del tema. La neurociencia ha
incrementado nuestro conocimiento de los mecanismos cerebrales, hormonas y
neurotransmisores implicados en la Emoción. Los psicólogos del desarrollo delimitan
perfectamente cuáles son los cambios emocionales que se producen a lo largo de la vida
de un sujeto, así como el papel que juegan las emociones en el apego y el
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temperamento. Los psicólogos sociales ponen de relieve la importancia comunicativa de
la expresión emocional. Los psicólogos cognitivos se están centrando en la relevancia
de la relación emoción-cognición. Los psicólogos de la personalidad están considerando
el estudio de los rasgos en términos de emociones discretas. Los psicólogos clínicos han
encontrado importantes relaciones entre desórdenes psicológicos y tipos de experiencia
emocional. En definitiva, el concepto de “Emoción”, tal como señalan algunos autores
(Izard, 1991; Carlson y Hatfield, 1992; Scherer, 2000), es demasiado amplio, de tal
suerte que cada autor se ciñe a aquellos aspectos de la emoción que son pertinentes a sus
investigaciones. Así, los autores centrados en los aspectos cognitivos acentúan la
importancia de los pensamientos, evaluaciones y valoraciones para definir la Emoción;
los autores orientados hacia los aspectos fisiológicos resaltan la relevancia de los
cambios y reacciones fisiológicas en sus definiciones, mientras que los autores
interesados en los aspectos conductuales focalizan sus esfuerzos en las características
expresivas y motoras de las conductas emocionales.
Un ejemplo de la complejidad del concepto “Emoción” queda reflejado en los
trabajos de algunos autores (Lewis y Rosenblum, 1978; Lewis y Michalson, 1983;
Lewis, Sullivan y Michalson, 1990), para quienes la emoción consta de cinco
componentes esenciales: a) elicitadores emocionales, que se refieren a las situaciones o
estímulos que activan a los receptores emocionales; los elicitadores pueden ser internos
o externos, y su capacidad para provocar repuestas emocionales puede ser innata o
aprendida; b) receptores emocionales, que se refieren a los núcleos o las vías
específicas del sistema nervioso central implicados en los cambios del estado fisiológico
y/o cognitivo del organismo; los procesos mediante los que ejercen su acción los
receptores emocionales pueden ser innatos o adquiridos a través de la experiencia; c)
estados emocionales, que se refieren a los cambios en la actividad somática y neural
que acompaña a la activación de los receptores emocionales; los estados emocionales
suelen ser específicos y pasajeros; d) expresiones emocionales, que se refieren a las
características superficiales, potencialmente observables, de la cara, la voz, el cuerpo y
la actividad corporal general, que suelen acompañar a los estados emocionales; los
elementos constituyentes, así como la regularidad con la que se encuentran asociados
con estados emocionales particulares, pueden ser innatos o aprendidos; e) experiencias
emocionales, que se refieren a los procesos perceptivos, interpretativos y evaluativos,
tanto conscientes como inconscientes, que realiza el sujeto acerca de su propio estado y
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expresión emocionales; estos procesos cognitivos que lleva a cabo el sujeto se
encuentran considerablemente influenciados por sus experiencias sociales previas.
Igualmente, Wallbott y Scherer (1989) plantean que los componentes de la emoción se
refieren a los siguientes aspectos: a) evaluación de una situación antecedente; b)
cambios fisiológicos; c) expresión motora; d) efectos motivadores con tendencias hacia
la acción; e) sentimiento subjetivo.
Con este panorama, estimamos que parece conveniente establecer los puntos de
convergencia y de discrepancia en el estudio de los procesos emocionales, ya que, de
este modo, será más probable delimitar las características de dichos procesos.
En este marco de referencia, considerando que la emoción es un proceso,
posemos sugerir que la ocurrencia de una emoción tiene que ver con la respuesta que se
origina como consecuencia de un estímulo o situación que posee capacidad para
desencadenar dicho proceso. Así pues, entendida como respuesta, es viable defender
que la emoción implica un cambio súbito en el organismo, cambio que es producido por
un estímulo, sea éste interno o externo. Aunque la aceptación de una premisa tan
evidente ha llevado a que se pueda hablar de puntos de convergencia, como
señalábamos, sigue habiendo todavía aspectos que conducen a la existencia de una
cierta discrepancia. Veamos.
Un punto de acuerdo bastante generalizado tiene que ver con la existencia
necesaria de cambios para hablar de emoción. Otra cosa sea la coincidencia en el
número y tipo de cambios necesarios. Así, hay algunos autores (Clore, 1994b) para
quienes el término emoción podría ser restringido a un único cambio, localizado éste en
la toma de conciencia, o sentimiento consciente, de que se ha producido una variación
en el estado. Esta postura recoge la influencia de James, cuando propone que una
emoción es algo equivalente, o sinónimo, al sentimiento o experiencia subjetiva. Como
señalaremos posteriormente, no es posible hacer sinónimos un concepto -la emoción- y
una dimensión o componente del concepto -la experiencia subjetiva. Otros autores,
como Izard (1991), plantean que una emoción se puede producir a causa de cambios
localizados en procesos neurales, afectivos o cognitivos. Desde un punto de vista neural,
la generación de una emoción se entiende como la actividad de ciertos
neurotransmisores y mecanismos cerebrales que median la evaluación de la información
que llega al sujeto. Desde un punto de vista afectivo, la ocurrencia de una emoción se
entiende en términos de procesos sensoriales-perceptivos. Desde un punto de vista
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cognitivo, la activación de una emoción se entiende en términos de procesos de
pensamiento. Bajo esta consideración, parece claro que las emociones pueden ocurrir
como una función directa de los procesos neuroquímicos y afectivos,
independientemente de los procesos cognitivos. Sin embargo, en la postura de Izard, no
queda clara la significación que tienen dichos procesos para la integridad de un
organismo. Parece necesaria la existencia de un análisis o evaluación, seguidos ambos
procesos por una valoración, de dichos cambios en el contexto y situación actual del
organismo. Esto es, los cambios fisiológicos, o neuroquímicos, por sí solos, no pueden
dar lugar a una emoción.
A pesar de trabajos como los reseñados, que en cierta medida representan
apuestas testimoniales, lo más frecuente es encontrar referencias y definiciones de la
emoción basadas en la existencia de cambios en diversos componentes, enfatizando la
idea de que todos esos cambios son necesarios para que ocurra una emoción. Como
indica recientemente Scherer (2000), entre estos componentes se suele hacer referencia
a la denominada “tríada de respuesta”, conformada por la activación fisiológica, la
expresión motora y el sentimiento o experiencia subjetiva, cambios todos ellos
necesarios para hablar de emoción. No obstante, algunos autores incluyen los factores
motivacionales, tales como las tendencias de acción, y los procesos cognitivos
implicados en la evaluación y valoración del estímulo entre los componentes necesarios
del proceso emocional (Frijda, 1987; Buck, 1993). Creemos que, aunque con mucha
probabilidad todos estos componentes sufren cambios cuando ocurre un proceso
emocional, no todos ellos pueden ser considerados como cambios necesarios, y mucho
menos suficientes, para hablar de ocurrencia de una emoción. Sirva, a modo de ejemplo,
el componente expresivo, el cual no es ni necesario ni suficiente para hablar de
emoción. Es más, cabe perfectamente la posibilidad de que ocurra una emoción sin que
se active ningún mecanismo expresivo.
Otro punto de acuerdo se refiere al hecho de que los estímulos que desencadenan
una emoción pueden ser internos o externos, siempre y cuando posean alguna
peculiaridad que resulte relevante para el organismo. Este énfasis en las peculiaridades
de los estímulos ha llevado a que algunos autores (Frijda, 1986) se refieran a las
emociones en términos de detectores de la relevancia, los cuales, en última instancia,
requieren de un proceso de valoración acerca de la significación de ese estímulo para el
equilibrio del organismo. Tanto cuando procede del ámbito exterior -evento, situación,
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exigencia, etc-, como cuando procede del ámbito propio o interior -recuerdos,
fundamentalmente-, este proceso de valoración de la relevancia o de la significación
personal es fundamental, ya que, en cierta medida, va a condicionar la propia respuesta
funcional del organismo, así como los cambios mentales que tendrán lugar durante la
ocurrencia de la emoción.
Creemos que es conveniente introducir estos argumentos porque, tal como
señalábamos anteriormente, también existe una cierta controversia en torno a la
emoción, derivada dicha controversia de la soltura y ligereza con la que se utilizan
distintos términos para referirse a estos procesos. La existencia de bastantes puntos de
divergencia ha llevado a que, en ocasiones, se llegue a decir que la coincidencia en el
ámbito emocional es una auténtica quimera. En efecto, se puede apreciar que las
coincidencias o los acuerdos amplios en el ámbito de la emoción se refieren a aspectos
que podríamos considerar como obvios o inapelables; son aspectos de indudable
generalidad. Así, si admitimos, y no creemos que nadie pueda dudarlo, que la emoción
es una repuesta, se exige, por una parte, la presencia, real o virtual, interna o externa, de
un estímulo o situación que elicite dicha respuesta; y, por otra parte, se exige también la
existencia, visible o no, en una o en varias de las posibles dimensiones en las que se
puede manifestar la respuesta, de una serie de cambios o modificaciones en el estado,
composición y disposición del organismo. Sin embargo, cuando se intenta profundizar
en parámetros más específicos y concretos, cuando la intención es dilucidar aspectos
que se encuadran en la fundamentación epistemológica, la definición conceptual, la
medición de las distintas manifestaciones, etc., el acuerdo es mucho más improbable.
Uno de los puntos de desacuerdo, enraizado en esta consideración heterogénea
de los distintos términos relacionados con los procesos afectivos en general, y con los
procesos emocionales en particular, tiene que ver con la postura esgrimida por algunos
autores para defender, incluso con énfasis, la independencia entre procesos afectivos y
procesos cognitivos. Una de las manifestaciones más evidentes de tal controversia la
encontramos en las ya anteriormente comentadas formulaciones de Lazarus (1982,
1984) y Zajonc (1980, 1984). El origen de dicha polémica se sitúa en las críticas que
realiza Zajonc (1980) a los planteamientos cognitivistas relacionados con la emoción, lo
que provoca la respuesta de Lazarus (1982), con las subsiguientes réplicas (Zajonc,
1984; Lazarus, 1984). Como reseñábamos en un punto anterior, la divergencia entre
ambos autores es menor de lo que podría pensarse si centramos el foco de la discusión
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en la secuenciación de los dos procesos referidos, esto es: el cognitivo y el afectivo.
Ahora bien, si centramos el análisis en la terminología, y los conceptos a los que se
refiere dicha terminología, el asunto tiene mucho más calado, ya que, aunque ambos
autores hablen de procesos afectivos en líneas generales, Lazarus se está refiriendo a lo
que conocemos como proceso emocional, mientras que Zajonc, en el mejor de los casos,
se refiere a una dimensión afectiva básica -el afecto-, más amplia y general que los
procesos emocionales, los cuales son una manifestación o forma particular de proceso
afectivo; en el peor de los casos, Zajonc está haciendo referencia a una manifestación,
más primaria si cabe, relacionada con las preferencias, hecho que, como ha señalado
recientemente Scherer (2000), puede que tenga una vinculación bastante secundaria con
los procesos emocionales. Es decir, se podría plantear que la aproximación de Zajonc al
estudio de la emoción es más superficial que la de Lazarus, pues aquél se refiere a las
reacciones afectivas elementales, mientras que éste trata de llegar al análisis de los
complejos procesos emocionales.
En esencia, Lazarus (1991) ha venido defendiendo que la cognición es un paso
necesario y suficiente para que ocurra una emoción; esto es, cualquier emoción tiene
como precedente un patrón específico de valoración o appraisal. Por contra, Zajonc
(1984) defiende que la cognición y el afecto son dos procesos independientes, de tal
suerte que las emociones no requieren de ningún proceso cognitivo previo para su
ocurrencia; las reacciones afectivas son primarias.
Lazarus defiende que el ser humano es un valorador “evaluator” por naturaleza:
valora cada estímulo que le llega en función de su relevancia y significación personales.
Evidentemente, Lazarus se está refiriendo a una actividad cognitiva, y la emoción forma
parte de la misma: “cada reacción emocional.......es función de un particular tipo de
cognición o appraisal” (Lazarus, Averill y Opton, 1970, p. 218). Zajonc, al menos en
sus primeros trabajos sobre el tema, considera que un proceso cognitivo implica una
consciencia del procesamiento que se está llevando a cabo. Por lo tanto, si no hay
consciencia de dicho procesamiento no hay proceso cognitivo, pero puede haber
proceso afectivo1. Es decir, el error en el que incurre Zajonc se refiere a que confunde el
procesamiento cognitivo con el procesamiento consciente. Por esa razón, Zajonc
defiende que el primer momento en los procesos emocionales tiene connotaciones no
conscientes y afectivas. Posteriormente, (Murphy y Zajonc, 1993) asumen que los
1 Es un error sistemático en Zajonc: equipara la cognición con el procesamiento consciente.
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procesos cognitivos pueden producirse en ausencia de consciencia, aunque todavía
defienden que el primer paso sigue siendo afectivo. Incluso, hace muy poco tiempo,
Zajonc (1998) acaba de reconocer que las emociones requieren de procesos cognitivos
para generar las preferencias. Ha tenido que admitir la lógica que subyace a todo
proceso emocional: la emoción es una respuesta a la valoración de la significación.
Otra fuente de desacuerdo se localiza en la tendencia a considerar la emoción y
el sentimiento como términos sinónimos. Gran parte de dicha confusión tiene que ser
atribuida a la teoría periférica de la emoción formulada por James (1884/1985, 1890).
Queremos enfatizar que, cuando se aborda el estudio de la emoción desde un
planteamiento basado en los componentes de dicho proceso, orientación que, como ya
hemos señalado, es la más frecuente, dicha sinonimia es perniciosa, ya que el
sentimiento es una parte o dimensión del proceso emocional. No es posible equiparar el
todo con una de sus partes, por más que dicha parte sea importante (y el sentimiento lo
es), incluso crítica para que una persona tome conciencia de que está experimentando
una emoción. Se hace preciso señalar que, si por emoción entendemos la toma de
conciencia, o la percepción subjetiva de dicha emoción, el sentimiento de James puede
ser considerado como sinónimo de emoción. Ahora bien, si al hablar de emoción
queremos referirnos a proceso emocional, el sentimiento de James no puede ser
considerado como un término sinónimo, ya que en el proceso emocional se encuentran
englobados los procesos de evaluación y de valoración que llevamos a cabo antes de
decidir que el estímulo o situación que provoca toda esa actividad es capaz de poner en
peligro el equilibrio del organismo. En esta segunda posibilidad, el sentimiento es una
parte, y sólo una, del amplio proceso emocional. Además, si al hablar de emoción se
enfatiza el sentimiento, se está recalcando la importancia de la dimensión consciente de
un individuo, con lo que no cabe la posibilidad de plantear la existencia de “emociones
no conscientes”, pues existe una contradicción en los propios términos: “sentir” implica
tomar conciencia de algo. Ahora bien, si distinguimos entre “emoción” y “proceso
emocional”, esto es, si consideramos que la emoción -sinónimo de sentimiento- forma
parte del proceso emocional, podemos entender la ocurrencia consciente y no consciente
de un proceso emocional, ya que los desencadenantes y primeros pasos de dicho
proceso pueden encontrarse por debajo del umbral de la consciencia. Más tarde, cuando
el proceso avance, habrá posibilidad, o no, de llegar a tomar conciencia, de ser
conscientes, de la experiencia de una emoción. El sentimiento emocional es
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imprescindible para que una persona “sepa” que experimenta una emoción, pero no es
imprescindible para que ocurra un proceso emocional.
Otro punto de divergencia tiene que ver con los determinantes de las funciones
sociales de la emoción. Esto es, la eventual relevancia de la biología y la cultura a la
hora de entender las características esenciales de la expresión emocional, considerada
ésta en cualquiera de sus posibles manifestaciones. Estamos convencidos de que una de
las influencias más relevantes y duraderas en el campo de la emoción se localiza en
Charles Darwin, quien, con su clásico trabajo La expresión de la emoción en el hombre
y en los animales (1872/1965), ha conseguido calar en el pensamiento e investigación
emocionales hasta la actualidad. Es de suma relevancia la atención que, a partir de dicho
trabajo, se ha venido dispensando a la expresión de la emoción en forma de cambios
faciales, corporales, en la entonación de la voz. No menos importante ha sido la
aceptación de una cierta universalidad de las emociones, tanto cuando se adopta una
perspectiva intra específica, considerando distintos grupos, etnias o culturas, como
cuando se adopta una perspectiva ínter específica. El factor genético es la clave para
entender tanta similitud -incluso semejanza- en las manifestaciones y cambios
corporales cuando se expresa una emoción. Este tipo de razonamientos, basados en la
evidencia empírica, obliga a considerar la importancia del componente biológico. Es
decir, la emoción es considerada como una forma de manifestación instintiva, vestigio
de un pasado primitivo, donde los factores de aprendizaje nada tienen que ver. Ha
habido, no obstante, una oposición bastante contundente desde foros asentados en la
Antropología e incluso en la Psicología Social, con argumentos circunscritos en torno a
la relevancia de la formación, el aprendizaje, la cultura en una palabra. Para estos
autores, lo verdaderamente importante es observar cómo las distintas influencias
socioculturales van perfilando los estilos y las formas de expresar e incluso de sentir las
emociones (Schweder, 1984). De hecho, en la medida en la que las emociones implican
creencias y conceptos, cabe la posibilidad de defender que las influencias
socioculturales modulen la conformación y consolidación de tales creencias y
conceptos, con lo cual, en última instancia, cabría la posibilidad de hablar de influencias
diferenciales según la cultura o el grupo social de referencia (Labott, Martin, Eason y
Berkey, 1991). De nuevo, se aprecia la controversia herencia-ambiente, tan frecuente en
Psicología, ahora orientada al campo de los procesos emocionales. Como parece sensato
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plantear, lo más apropiado tiene que ver con la defensa de una postura ecléctica, en la
que son relevantes los factores biológicos y los factores culturales.
Otra fuente de divergencia tiene que ver con la consideración de la existencia de
un número mayor o menor de emociones, así como con los criterios que se utilizan para
entender su ocurrencia. En este sentido, uno de los puntos de desacuerdo que con mayor
frecuencia se manifiesta se refiere a la consideración de las emociones, bien desde una
perspectiva categorial, considerando que las emociones son entidades discretas, bien
desde una perspectiva dimensional, considerando que cada emoción puede ser ubicada
en un punto a lo largo de una o más dimensiones. En este marco de referencia, hace
unos años, Dientsbier (1990) afirmaba que los autores que han conceptualizado las
emociones desde la consideración de entidades discretas se basan en los planteamientos
de Darwin, mientras que aquellos que lo hacen desde la perspectiva dimensional lo
hacen en los trabajos de James. Por si fuese poca la complejidad, se puede apreciar que,
dentro de cada una de las dos posibilidades comentadas -categorial y dimensional-, ha
habido distintas consideraciones teóricas que complican, más si cabe, la idea de la
emoción.
Respecto a la consideración de las emociones como entidades discretas
(Tomkins, 1981; Izard, 1991), se piensa que existe un número concreto de emociones,
las cuales representan síndromes innatos de sentimientos y conductas. Estos autores,
aunque sabedores de que la activación fisiológica general puede implicar alguna suerte
de dimensionalidad, como la intensidad o la duración de la experiencia emocional,
conceden poca importancia a la activación en sus planteamientos. Lo verdaderamente
importante en estas concepciones tiene que ver con la expresión conductual de las
emociones.
En este ámbito, las más frecuentes aproximaciones a la naturaleza de la emoción
sugieren la existencia de emociones fundamentales o básicas2, que tienen connotaciones
adaptativas. Las distintas emociones básicas van apareciendo en el curso de la evolución
de las especies, pudiendo desaparecer o mantenerse en el bagaje genético de las mismas,
dependiendo de sus peculiaridades y funciones adaptativas. Desde esta perspectiva, se
enfatiza que cada emoción básica se encuentra asociada a unas condiciones específicas
capaces de provocar su activación, originando patrones peculiares y diferenciales en los
2 En el plano de las Emociones básicas, también existe una cierta controversia respecto al número y
cualidad de las emociones que podrían ser consideradas con el calificativo de “básicas”, complicando,
más si cabe, el complejo ámbito de los procesos emocionales.
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planos fisiológico, expresivo y conductual. Como ya hemos señalado, este tipo de
argumentos se basa en las aportaciones de Darwin, quien habla de diferentes emociones
(más bien, Darwin encabeza distintos capítulos de su clásica obra con términos
emocionales), estableciendo para cada una de ellas las funciones, la historia evolutiva,
la universalidad intraespecífica -a través de las distintas culturas- e interespecífica -a
través de las distintas especies-, los cambios a lo largo del desarrollo ontogenético, etc.
Dentro de esta consideración categorial de la emoción, la investigación también
se ha decantado hacia la localización neuroanatómica diferencial de cada una de las
emociones particulares. De hecho, como indica Panksepp (1982, 1989a, 1989b), la clave
para entender la emoción es considerar que el número de las emociones básicas, así
como su diferenciación, se encuentran determinados por los circuitos neurales
evolutivamente desarrollados. Cada emoción básica se produce por la activación neural
de un circuito específico.
Respecto a la consideración dimensional de las emociones, como también
señalábamos anteriormente, el punto de obligada referencia se ubica en las aportaciones
de James, aunque gran parte de la investigación desarrollada ha derivado
específicamente de los trabajos de Schachter y Singer (1962). Al respecto, como ha
señalado Plutchik (1991), a pesar de la idea de que existe una fuerza dominante en las
emociones que se orienta en el sentido de la búsqueda del placer y la evitación del
dolor, algunos autores comienzan a defender la existencia de varias dimensiones.
Podemos apreciar, entonces, que la consideración de la emoción desde un punto de vista
dimensional contempla la posibilidad de esgrimir teóricamente la existencia de una
única dimensión o de varias.
Quienes defienden la existencia de una única dimensión establecen que la teoría
de la emoción no necesita más dimensiones, de tal suerte que las distintas emociones
tienen su razón de ser en la medida en la que cada una de ellas puede ser ubicada en un
punto concreto a lo largo de dicha dimensión o continuo. La definición de la dimensión
particular depende de las formulaciones esgrimidas por los diferentes teóricos, aunque
se aprecia el predominio de una de las dos siguientes: por una parte la referida a la
activación, y, por otra parte, la que se refiere a la valencia. En cuanto a la activación
como dimensión esencial y única para entender el concepto de emoción, son conocidas
las reservas bastante explícitas que formuló Duffy al respecto. Para esta autora (Duffy,
1941), la diferencia existente entre distintos estados emocionales podría ser explicada a
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partir de un razonamiento basado en el grado de activación. De hecho, la postura de
Duffy -que, no lo olvidemos, tiene que ser entendida a la luz de las influencias
particulares predominantes en esa época, y que, a grandes rasgos, se basaban en la
relevancia de la activación fisiológica general- defendía la supresión del término
emoción, al proponer que nada nuevo aportaba más allá de lo que se entendía con la
consideración del concepto de activación. En cuanto a la defensa de la valencia como
dimensión única, la consideración del continuo placer-displacer, o placer-dolor, fue
muy popular entre bastantes psicólogos en un momento particular del desarrollo de la
disciplina emocional en particular, y de la disciplina psicológica en general. La valencia
es el principio más importante para comprender la emoción; dicha valencia se distribuye
desde un extremo, en el que se encontraría lo malo, lo desagradable, lo displacentero,
hasta el otro extremo, en el que se encontraría lo bueno, lo agradable, lo placentero.
Considerar la teoría emocional desde una perspectiva unidimensional basada en el
continuo placer-displacer representaba una orientación atractiva, pues permitía
distinguir entre emociones positivas y emociones negativas, entendida esta distinción, al
menos, desde una panorámica subjetiva, aquella que tiene que ver con el sentimiento o
experiencia consciente de la emoción. Pero, además, como señalara hace años Schneirla
(1959), también permitía entender las dos orientaciones conductuales fundamentales: la
de aproximación y la de evitación.
Quienes defienden la existencia de varias dimensiones para entender la emoción
se basan, en cierta medida, en el pionero trabajo realizado por Wundt en 1896
(Carpintero, 1978), en el que se propone la utilización de los métodos introspectivo y
experimental para estudiar el sentimiento emocional a través de las medidas
fisiológicas. Con su famosa Teoría tridimensional del sentimiento, Wundt propone la
existencia de tres dimensiones: “placer-displacer”, “excitación-depresión” y “tensiónrelajación”,
que permitirían comprender la emoción. Desde ese momento, y a lo largo
de un dilatado periodo, comenzarán a sucederse argumentos multidimensionales para
entender la teoría de la emoción. Así, se ha enfatizado la relevancia de las dimensiones
de “excitación-depresión” y “placer-displacer” (Stagner, 1948); las de “placerdisplacer”,
“atención-rechazo” y “activación” o dimensión de “sueño-tensión”
(Schlosberg, 1954), aunque, en este caso, el punto de referencia era la expresión facial;
las dimensiones o superfactores “factor-C o colinérgico” y “factor-A o adrenérgico”
(Jenkins, 1955); las de “nivel de activación”, “nivel de control”, “orientación social” y
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“tono hedónico” (Nowlis y Nowlis, 1956); las de “placer-displacer”, “activa-pasiva” e
“intensa-no intensa” (Daly, Lancee y Polivy, 1983); las de “afecto positivo” y “afecto
negativo” (Watson y Tellegen, 1985), aunque, más recientemente, estos autores,
manteniendo su argumento de la existencia de las dos dimensiones reseñadas, han
defendido la independencia de las mismas, confeccionando un instrumento -Positive
and Negative Affect Scales PANAS-, que permite apresar ambas dimensiones (Watson,
Clark y Tellegen, 1988; Tellegen, Watson y Clark, 1999a, 1999b).
Como se puede apreciar, tal como señalábamos anteriormente, cuando se
examinan las posturas teóricas al respecto de la emoción, parece bastante evidente que
las dimensiones de “placer-displacer o dolor” y las de “activación-quietud” son bastante
comunes a todas ellas. Sin embargo, son muchos los autores que, aun aceptando esta
dimensionalidad anterior para las emociones, plantean otras distintas para las que no
existe el mismo acuerdo, pues se debate sobre cuáles son y qué denominaciones deben
recibir. En este orden de cosas, hay autores que, aunque basándose también en la
existencia de dimensiones básicas, intentan localizar las distintas emociones según un
modelo circular en torno a las dimensiones planteadas. Como indica Russell (1980), ha
habido dos formas esenciales de estudiar las emociones: por una parte, considerar las
emociones como factores independientes, y, por otra parte, considerarlas como factores
mutuamente relacionados. Esta segunda posibilidad ha dado lugar a la formulación de
los llamados “modelos circulares” (Lorr, 1989), en los que se argumenta la existencia de
dimensiones básicas en torno a las cuales se localizan las distintas emociones. Así,
Russell (1983) defiende un modelo basado en dos dimensiones: placer-displacer y
activación-sueño. El modelo de Russell ha sido uno de los que más apoyo ha recibido
con el tiempo, encontrando que en algunas revisiones actuales (Remington, Fabrigar y
Visser, 2000) se sigue constatando la pertinencia de las dos dimensiones propuestas por
Russell. Otros autores (Fromme y O'Brien, 1982) establecen cuatro dimensiones:
placer-dolor, dominancia-sumisión, aproximación-evitación, y activación simpáticaactivación
parasimpática.
Otra fuente de desacuerdo o divergencia en el campo de la emoción tiene que
ver con el número y tipo de componentes que conforman el proceso emocional. Si bien,
en ocasiones, se ha defendido que la emoción está configurada por un solo componente
-James (1884/1985, 1890) y Clore (1994a, 1994b) hablan de la emoción en términos de
experiencia consciente o sentimiento de los cambios fisiológicos-, lo más frecuente ha
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sido plantear la existencia de varios componentes. En esta forma de entender la
emoción, se considera la relevancia de la unión entre la elicitación de un proceso
emocional y las respuestas derivadas del mismo, teniendo en cuenta que lo que éstas
sean depende del proceso de valoración (appraisal) que realice la persona sobre la
situación o estímulo que elicita el proceso emocional. En aras de la congruencia, desde
hace algunos años se defiende una consideración más consensuada de los componentes
de la emoción. En este orden de cosas, algunos autores (Smith, 1989; Izard, Kagan y
Zajonc, 1990; Scherer, 1992, 2000) ponen de relieve que son tres los aspectos o
componentes en los que existe mayor coincidencia entre las diversas teorías de la
emoción: neurofisiológico-bioquímico, motor o conductual-expresivo y subjetivoexperiencial.
Por lo que respecta al componente neurofisiológico-bioquímico, es
relevante el papel de los neurotransmisores, así como la actividad del sistema nervioso
autónomo y sistema nervioso somático. Por lo que respecta al componente motor o
conductual-expresivo, que puede ser considerado el más conocido, tiene una especial
importancia la expresión facial, aunque los aspectos que implican acciones posturales,
gestuales y de entonación de la voz son también dignos de tener en cuenta. Por lo que
respecta al componente subjetivo-experiencial, suscita bastante controversia, ya que,
muchas veces, la cuestión importante es determinar si se trata de un estado de
sentimiento, de un tipo especial de proceso cognitivo, o una combinación de
sentimiento y cognición. En cualquiera de los casos, como se puede apreciar en los
trabajos actuales, a los que hemos hecho referencia anteriormente, gran parte de los
esfuerzos se dirigen a dilucidar la relación existente entre cognición y afecto en general,
y entre cognición y emoción en particular.
3.- Nuestra visión de la Emoción
Todos los seres vivos poseen en su dotación genética lo necesario para mostrar
indicios, más o menos desarrollados, más o menos primitivos, de un proceso afectivo
esencial: el de aproximarse a lo grato y evitar lo desagradable3. La emoción es un
proceso adaptativo que forma parte de los procesos afectivos. Es decir, si bien toda
3 En las especies menos desarrolladas de la escala filogenética, ese proceso afectivo básico, que se
desplaza a lo largo de un continuo que va desde lo más gratificante hasta lo menos gratificante, tiene
connotaciones de supervivencia: evitar a los depredadores y conseguir la reproducción.
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emoción puede ser considerada como una forma de proceso afectivo, no todos los
procesos afectivos son procesos emocionales.
En este orden de cosas, es fácil constatar cómo, de forma sistemática, se ha
utilizado con bastante flexibilidad un gran número de términos para referirse a los
procesos emocionales. De todos ellos, las denominaciones de "afecto", "humor" y
"emoción" son las que más frecuentemente han sido consideradas como
intercambiables. Incluso, particularizando un poco más, de los tres términos reseñados,
el humor y la emoción son los que con mayor frecuencia inducen a la confusión. Por
esta razón, consideramos que es conveniente proponer algunos matices que permitan
entender mejor cuáles son las ventajas y cuáles las limitaciones cuando se utiliza cada
uno de los términos, tanto en las formulaciones teóricas como en la investigación.
Afecto.- Si consideramos los conceptos de "humor", "emoción" y "afecto",
podemos observar que este último es el más general de los tres. Además, desde un punto
de vista filogenético y ontogenético, es el más primitivo. El afecto posee tono o
valencia, que puede ser positiva o negativa, e intensidad, que puede ser baja o alta. Se
especula con la posibilidad de que el tono o valencia esté directamente relacionado con
algunas estructuras diencefálicas (hipotálamo), y la intensidad con la formación
reticular. El afecto tiene que ver con la preferencia; permite el conocimiento del valor
que tienen para el sujeto las distintas situaciones a las que se enfrenta. Existe una
tendencia innata hacia el afecto positivo, de tal suerte que la meta de un sujeto es
obtener placer. Podríamos decir que el afecto representa la esencia de la conducta,
entendida ésta en la formulación más elemental de aproximarse a lo que gusta, gratifica
o satisface, y de alejarse de aquello que proporciona las consecuencias opuestas.
Humor.- El humor, o estado afectivo, es una forma específica del conjunto de
los procesos afectivos. También implica la existencia de tono e intensidad. El humor,
además, denota la existencia de un conjunto de creencias acerca de la probabilidad que
tiene el sujeto de experimentar placer o dolor en el futuro; esto es, de experimentar el
afecto positivo o el afecto negativo. Un humor concreto puede durar varios días,
variando según lo haga la expectativa de futuro del sujeto. Relacionado con el afecto,
tiene una duración más breve, pero, relacionado con la emoción, suele ser más duradero.
Emoción.- También es una forma específica englobada en los procesos
afectivos. Se corresponde con una respuesta multidimensional, con connotaciones
adaptativas, que suele ser muy breve, muy intensa y temporalmente asociada con un
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estímulo desencadenante actual, tanto externo como interno, esto es, hace referencia a
una relación concreta del sujeto con su ambiente en el momento presente. Los procesos
emocionales, como parte de los procesos afectivos, puede que no se encuentren
presentes en todas las formas de vida, pero, como indica Damasio (1999), es seguro que
sí que están presentes en diversas especies. Las emociones no son patrimonio exclusivo
de la especie humana. Sin embargo, hay un aspecto que puede ser especialmente
relevante, y es el que se refiere a la especial conexión existente entre las emociones y
las ideas complejas, los valores, los juicios, etc., que, al menos en principio, parece que
sólo poseemos los humanos. Esta circunstancia nos lleva a sugerir la relevancia que
adquiere la dimensión subjetiva de la emoción; esto es, el sentimiento.
Sentimiento.- Hace referencia a la toma de conciencia respecto a la ocurrencia
de una emoción. Cuando la emoción es considerada como proceso, y así tiene que ser
considerada, el sentimiento es una fase o etapa en dicho proceso. Aunque no es
necesario para poder hablar de proceso emocional, es imprescindible para que un
individuo “sepa” que está experimentando una emoción. Hablar de sentimiento implica
la referencia obligada a la consciencia. Así, filogenéticamente hablando, la emoción es
un proceso anterior a la consciencia, ya que ésta es un producto de la propia evolución,
que aparece cuando el cerebro adquiere la suficiente capacidad de desarrollo. Por ese
motivo, cabe perfectamente hablar de emociones en los individuos de especies
inferiores, sin que tengamos que admitir de forma obligatoria la existencia de
sentimiento emocional en dichos individuos. En cuanto a la duración, entendido como
percepción súbita de una emoción, el sentimiento emocional es muy breve,
probablemente la más breve de las distintas formas de proceso afectivo. No obstante, el
sentimiento puede dar lugar a una experiencia sostenida en el tiempo, apreciablemente
más duradera incluso que el propio proceso emocional: el humor.
Consiguientemente, en sintonía con lo que proponen algunos autores (Izard,
1991; Plutchik, 1994; Lang, Bradley y Cuthbert, 1998; Damasio, 2000, entre otros),
creemos que la emoción representa una forma más de adaptación al medio ambiente,
ejecutada por aquellas especies que poseen en su bagaje genético la infraestructura
apropiada para que los individuos de la misma lleguen a desarrollar y manifestar los
procesos emocionales.
De acuerdo con la formulación de Damasio (1999), las emociones son complejas
agrupaciones de respuestas químicas y neurales que conforman un patrón concreto.
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Todas las emociones desempeñan un importante papel regulador orientado a la
adaptación del organismo, siendo el objetivo último ayudar para mantener la vida de
dicho organismo. Si se mantienen en el bagaje genético de tantas especies es porque
algún papel adaptativo tienen que cumplir, ya que, de no ser así, habrían ido
desapareciendo a lo largo de la evolución.
Independientemente de las diferentes influencias sociales y culturales que
ejercen sus efectos sobre el desencadenamiento y la expresión, las emociones son
procesos biológicamente determinados, que dependen de la activación de estructuras
neurales específicas. Tales estructuras neurales se distribuyen desde zonas subcorticales,
concretamente desde el troncoencéfalo, hasta la corteza cerebral, pasando por las
importantes estructuras del diencéfalo y el sistema límbico.
Aunque las emociones manifiestan sus efectos más visibles en el plano de las
glándulas, vísceras y músculos, también repercuten de forma importante en los distintos
procesos cognitivos en curso e inmediatamente siguientes a la ocurrencia de una
emoción. Esta característica ha llevado a que, en algunas circunstancias, se proponga
que la emoción es disfuncional, que repercute de forma negativa en el rendimiento y en
la capacidad de adaptación de un organismo. Esta apreciación tiene que ser matizada. Es
cierto, en primer lugar, que la emoción puede ser considerada que una suerte de resorte
que perturba y que incluso puede llegar a detener todos los procesos que estaban en
curso en el momento de su ocurrencia; es cierto también, en segundo lugar, que la
emoción tiene capacidad para desorganizar la jerarquía de las eventuales respuestas y
manifestaciones que el individuo tenía programadas para ser ejecutadas. Sin embargo,
no es menos cierto que dicha desorganización ocurre a expensas de una nueva
organización jerárquica, quizá más rudimentaria y estereotipada, pero organización al
fin. Es decir, las emociones juegan un papel definido, con relevancia en las distintas
formas de adaptación a las que se tiene que ceñir el ser humano. Las emociones tienen
funciones. A pesar de que ha habido argumentos referidos a los efectos
desorganizadores de la emoción (Dewey, 1895; Hebb, 1949); a pesar de que, en
ocasiones, también se ha propuesto que las emociones tuvieron una función definida e
importante en el pasado, pero ahora ya no cumplen ninguna función (Buss, Haselton,
Shackelford, Bleske y Wakefield, 1998); lo bien cierto es que, como indican Keltner y
Gross (1999), parece un hecho aceptado que las emociones tienen funciones en la
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actualidad porque las tuvieron en el pasado, y ese hecho ha permitido la consolidación
de las mismas en el bagaje genético de las especies.
Así, desde un punto de vista biológico, parece evidente que las emociones
poseen un valor extraordinario a la hora de entender cómo un organismo se adapta a las
condiciones cambiantes de su medio ambiente. Las emociones poseen funciones, pues,
si no fuera así, la propia selección natural habría ido progresivamente depurando su
presencia, hasta hacerlas desaparecer por completo del bagaje genético de las especies.
Las emociones se encuentran incluidas y forman parte de las conductas que nuestros
antepasados llevaban a cabo cada vez que se enfrentaban a situaciones que podían
suponer un peligro para su vida. Aunque se puede proponer que cada una de las
emociones posee unas funciones particulares, creemos pertinente enfatizar en este
momento que una de las funciones generales de las emociones tiene que ver con la
flexibilidad que aportan a las conductas de un organismo cuando éste se enfrenta a
situaciones que exigen una solución más o menos drástica y útil. De este modo, se
incrementa la probabilidad de éxito, de adaptación y de supervivencia. Como es lógico,
si poseen funciones, las presiones ambientales que dan lugar a la propia evolución han
reafirmado su papel, permaneciendo en la dotación genética de las especies. Si, además,
esas funciones tienen connotaciones de ayudar a solucionar problemas, de evitar
peligros, etc., es lógico encontrar que entre las emociones básicas predominen aquellas
comúnmente denominadas “emociones negativas”, que no tienen por qué ser negativas
si su ocurrencia es homeostática y parsimoniosa, pero que devienen peligrosas para la
salud física, mental y social de una persona cuando su ocurrencia es excesiva en
frecuencia, intensidad o duración.
Existe, no obstante, una asociación entre la dimensión biológica y la dimensión
cultural en la ocurrencia de las emociones. Así, estando presente en la dotación genética
el mecanismo de las emociones básicas, cada una de ellas se activará como
consecuencia del proceso de valoración, cuyo resultado es la significación referida a la
función concreta de cada una de dichas emociones. Las influencias sociales y culturales
que recibe cualquier persona a lo largo de su proceso de desarrollo van moldeando su
patrón conductual básico, haciendo que se interiorice aquello que es socialmente
aceptable, aquello que es injusto, etc. Consiguientemente, cuando una determinada
persona lleva a cabo el análisis de la estimulación que está recibiendo, evalúa y valora
las connotaciones de la misma; cuando, tras esos procesos, concluye que dicha situación
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tiene connotaciones asociadas a la función de alguna de las emociones básicas, en esa
persona se activa el mecanismo biológico relacionado con dicha emoción.
Una de las perspectivas más fructíferas para entender las funciones de las
emociones consiste en abordar su implicación adaptativa, delimitando cuáles son sus
repercusiones, tanto positivas como negativas, en el funcionamiento biológico,
psicológico y social de una persona. Queremos reseñar que hablamos de repercusiones
positivas y negativas porque, aunque defendemos la funcionalidad de las emociones,
esto es, defendemos la dimensión positiva de dichos procesos, no es menos cierto que,
en ocasiones, se hace preciso ejercer alguna suerte de control o regulación voluntarios,
tanto en la experiencia, cuanto en la expresión, ya que puede ocurrir un conflicto o
incompatibilidad entre la necesidad o impulso biológico y la necesidad o exigencia
social.
Con estos presupuestos, nuestra visión de la emoción se fundamenta en la
relevancia de los componentes implicados en el proceso. La ocurrencia de cambios
interdependientes y sincronizados en tales componentes tiene que ser considerada como
la condición necesaria para la definición de emoción. De este modo, nuestra concepción
de emoción es la siguiente: las emociones son procesos episódicos que, elicitados por la
presencia de algún estímulo o situación interna o externa, que ha sido evaluada y
valorada como potencialmente capaz de producir un desequilibrio en el organismo, dan
lugar a una serie de cambios o respuestas en los planos subjetivo, cognitivo, fisiológico
y motor expresivo; cambios que están íntimamente relacionados con el mantenimiento
del equilibrio, esto es: con la adaptación de un organismo a las condiciones específicas
del medio ambiente. Queremos enfatizar el término “episódicos” porque, aunque en
ocasiones se llega a decir que cualquier organismo es siempre una entidad emocional,
predomina de forma profusa la consideración de la emoción en términos fásicos, esto es,
descargas más o menos intensas producidas en un momento puntual por la presencia de
un estímulo concreto. Decir que un organismo es una entidad emocional puede ser
correcto si se argumenta que: a) todo organismo tiene la capacidad para experimentar y
expresar emociones, o b) todo organismo se encuentra siempre en un determinado
estado afectivo. En la primera de las premisas se contempla la emoción como proceso
afectivo básico, con connotaciones temporalmente breves y fásicas; en la segunda
premisa no se hace referencia a la emoción, sino a otra dimensión afectiva -el humor, o
estado afectivo actual de ese organismo-, por lo que, en este caso, se alude a una
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dimensión afectiva tónica, más estable y duradera, pero menos intensa, que la emoción.
El humor o estado afectivo actual podría ser considerado como el fondo sobre el que se
producirá el “disparo” de una emoción.
En este marco de referencia, estimamos que identificar las emociones con el
sentimiento emocional sólo permite el estudio parcial del proceso emocional. Parece
más productivo estudiar el proceso emocional desde una perspectiva más elemental y
básica, aquella que tiene que ver con lo que es común y compartido por múltiples
especies. Lo que tratamos de decir es que el sentimiento emocional, aunque es
imprescindible para tomar conciencia de que ocurre una emoción, no es necesario para
que podamos hablar de ocurrencia de un proceso emocional.
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INTRODUCCION AL TEMA DE LA PSICOSIS

INTRODUCCION AL TEMA DE LA PSICOSIS
NOTAS PRELIMINARES
De las notas históricas anteriores, desprendemos la importancia en Psicoanálisis en la
comprensión de la psicosis. No quiere decir esto que el marco referencial psicoanalítico no haya tenido que
sufrir profundas transformaciones a lo largo del tiempo hasta ser capaz de dar cuenta de esta problemática.
Como se sabe, el movimiento teórico práctico (=curar entendiendo) psicoanalítico tiene como primer objeto
de referencia a la neurosis y se plantea la psicosis como un ámbito al que por definición no podría llegar. Sin
embargo, tanto en la obra de Freud como en la de sus seguidores, existe un armazón conceptual que permite
el acceso a ese nivel de la experiencia psicopatológica. Desde esta mínima consideración es de donde
partiremos para establecer lo esencial de la comprensión psicoanalítica de la psicosis, antes de entrar en otros
aspectos de la teorización general de este trabajo.
LA CONSTRUCCION TEORICA DE LO REAL.
1.Ya hemos indicado que los conceptos de normalidad y patología, así como el propio
concepto de "Perturbación mental" son nociones cargadas de ambigüedad, sobre determinadas
ideológícamente y operativizadas por las instituciones sociales del poder. Por otra parte, hay una variación
histórica indudable en los grandes cuadros sintomáticos, de manera que no es posible encontrar a lo largo de
los tiempos y de las culturas cuadros clínicos estables. Por último, es necesario insistir en el hecho de que las
formas reales de perturbación conductual nunca se ofrece de la manera pura que los taxonomías académicas
parecen indicar. Todo esto nos lleva a la necesidad de relativizar históricamente los conceptos y las categorías
que utilizamos en psicopatología. Esto, naturalmente, vale también para el Psicoanálisis.
LAAMBIGUEDAD NOSOGRAFICAANALITICA.
2. La crisis de la psicopatología actual se tiene que poner a cuenta tanto por la inexistencia de
un marco referencial común, como por la tendencia absolutista de pretender que los marcos taxonómicos
resultan algo más que puras formulaciones teóricas, dependientes de un sistema conceptual previo. Cuando
hoy intentamos demostrar la incompetencia de determinados agrupamientos sintomáticos, lo que en realidad
estamos haciendo es cuestionar todo un sistema teórico de descripción y explicación. Por ejemplo, la falta de
preocupación psicoanalítica por la clasificación y, al contrario, la preocupación por la descripción de
estructuras y procesos, señalan una diferencia radical de sistema frente a las tesis organicistas. Incluso, se
© J. L. de la Mata - 2 -
puede afirmar que en lo que respecta a la propia nosologia psicoanalítica, se han producido cambios
verdaderamente significativos. Nos estamos refiriendo a las primitivas ambigÜedades que se produjeron en
un primer momento entre "histeria de angustia" y "neurosis de angustia": la elaboración que se va efectuando
entre los textos "La Neuropsicosis de Defensa", "El pequeño Juanito" e "Inhibición, Síntoma y Angustia"....
indican que la definición de una entidad nosológica sólo puede realizarse a partir de una comprensión superior
tanto de las estructuras de personalidad como de los procesos psicogenéticos que han dado lugar a esas
mismas estructuras. A partir de este ejemplo, se puede cuestionar la falsa teoría de la "Psicosis única" que
estaba y sigue estando en la base de muchas concepciones órgano genéticas.
DISTINCIONES ESTRUCTURALES.
3. En Freud, la idea de una causación única para el problema de las perturbaciones
conductuales es algo que se va diluyendo progresivamente a lo largo de su obra. Quizá por ello tenga razón
Paz cuando dice que más que buscar en Freud la base de su sistema clasificatorio en la oposición
neurosis/psicosis, hay que hacerlo en la oposición "Psiconeurosis/Neurosis actuales". La diferencia entre las
dos concepciones vendría dada porque en la primera oposición, el modelo teórico de base es un modelo
energetista; mientras que, en la segunda, el modelo es ya una teoría histórico interpersonal de la constitución
de un sujeto socializado. Por otra parte, conviene siempre recordar que, para Freud, no hay una separación
estricta entre las dos clases de "neurosis", sino que entre ellas se da un factor de continuidad que puede ser
actualizado por las propias características del conflicto de psicogénesis.
LA DISTINCION CONCEPTUAL TRANSFERENCIAL/NARCISISTICA
4. Respecto de la Psiconeurosis, Freud establecerá nuevas clasificaciones, de las cuales la que
nos interesa es la que se refiere a la distinción entre "Neurosis de transferencia" y "Neurosis narcisistas"
(Esquizofrenia, Paranoia, Psicosis maniaco depresiva). Al establecer la diferencia entre "transferencial" y
"narcisistica", Freud está realizando una clasificación que sólo tiene sentido desde el marco teórico y técnico
con el que aborda las perturbaciones psicopatológícas que, posteriormente, dan lugar a las distintas
orientaciones e intervención sobre neurosis y psicosis.
EL CIRCUITO NEUROTICO ANALITICO.
5. Para comprender el tema fundamental de la psicosis, especialmente de las desorganizativas,
es necesario recurrir al circuito conductual psicoanalítico de comprensión de la neurosis. Este circuito es
- 3 - J. L. de la Mata ©
suficientemente conocido: tiene tres núcleos: conflicto, angustia y síntomas. el conflicto genera la angustia y
ésta, a su vez, origina los síntomas. En un plano más general, hay que poner los antecedentes que se sitúan en
el plano de la diferencia entre procesos patológicos primario y secundario: el primero es aquel en el que se da
lo específico del "enfermar", mientras que los segundos, son los que efectúan las reestructuraciones
subsiguientes al mismo enfermar. Como puntos intermedios de este esquema aparecen la introversión, la
regresión (montada sobre la fijación) y la defensa (fundamentalmente la represión); además el retorno de lo
reprimido y las defensas secundarias contra los síntomas. El esquema más o menos seria el siguiente:
PROCESO PATOLOGICO I PROCESO PATOLOGICO II
Introversión
Represión Defensa
Conflicto Regresión Angustia Síntomas secundarios
Retorno de lo reprimido
Fijación
6. Este es el esquema fundamental que sirve de base al trabajo sobre la neurosis. A partir de
él, se indagará sobre los aspectos diferentes que pueda adoptar el conflicto, el tipo de regresión, las distintas
formas de la angustia, las especialidades de las defensas psicóticas, los distintos modos de retorno de lo
defendido, las peculiaridades de las formas transacionales propias del proceso patológico secundario, etc. etc..
6.1. El tema de la psicosis va estableciéndose en función de las secuencias de diferencia con
las estructuras neuróticas correspondientes. Es decir, es el conflicto neurótico el que, en la medida en que es
más conocido, el que sirve como punto de referencia, de manera que la psicosis va quedando caracterizada
como algo más profundo, más arcaico, más originario. De esa forma también, se hace manifiesta la primacía
del proceso primario y, por lo tanto, de la estructura conectada a un tipo de conflicto que se ha estabilizado
sin pasar hacia las formas secundarias del proceso psicopatológico.
UNA DINAMICA CONSTITUYENTE: EL CONFLICTO.
7. Respecto del conflicto, lo que el Psicoanálisis quiere poner de manifiesto es tanto la
dimensión inconsciente como estructurante que determinados acontecimientos tienen en la significación de un
© J. L. de la Mata - 4 -
sujeto en formación. Es decir, la importancia del concepto de conflicto que expresa el Psicoanálisis viene dada
por el hecho de que se trata de una situación que es vivida por el sujeto y que él, a la vez, lo constituye.
Aquí aparece un aspecto verdaderamente revolucionario en las teoría psicológica: el sujeto es
modelado en su propia diferencia, en su propia individualidad, por su experiencia. Esto da origen al concepto
de inconsciente, no ya como un sector diferenciado del aparato psíquico, sino como la propia posibilidad de
éste, pues constituye su base. En otro lugar, expondremos las matizacíones correspondientes a lo que nosotros
entendemos por este concepto de inconsciente.
LA INTROVERSION AUTISTA.
8. En cuanto a la introversión, si se toma la teoría freudiana de la libido y del narcisismo,
comprenderemos que la psicosis produce como un repliegue hacia si muy profundo, se abandona a los objetos
externos, básicamente a sus representaciones y se agota la capacidad libidinal de las matrices originarias del
yo en su relación con el mundo. Si se recuerda bien, la teoría psicoanalítica de la neurosis, se advertirá que en
ésta la frustración del enlace libidinal del yo con los objetos externos produce una regresión hacia los
representantes "representativos" internos de tales objetos.
9. Esto supone que la pérdida del objeto externo se "compense"' por sustituciones de carácter
imaginario, recargando regresivamente toda una constelación de significaciones inconscientes que son las que
dan lugar a la angustia y a la producción subsiguiente de síntomas.
EL UNIVERSO FRAGMENTADO IMAGINARIO.
10: En la Psicosis, la introversión psicótica tendría unas características análogas, pero con diferencias
verdaderamente básicas. En la regresión no invierte la carga libidinal frustrada en producciones simbólicas
sustitutivas: se va hacia una fantasía arcaica compensatoría, pero que no calma, porque remueve toda una gran
cantidad de experiencias fragmentarías de carácter originario. El sujeto se instala en su desorganización
corporal y en sus fantasías arcaicas, para producir finalmente un delirio alucinatorio que reemplaza la realidad
objetiva de intercambio intersubjetivo.
INTROVERSION Y DESIDENTIFICACION.
ll. la introversión, pues, representa el regreso hacía el medio representacional, cuyas
- 5 - J. L. de la Mata ©
características llevarán a definir el concepto de regresión. Para Freud en la regresión es necesario analizar
aspectos tanto tópicos como formales y temporales. No es que se regrese más profundamente, sino que el
movimiento se hace por relación a las estructuras del desarrollo libidinal y yoico.
Qué tipo de experiencias se tengan, dependerá del tipo de estructura yoica correspondiente: la libido
regresa a sus etapas primarias de desarrollo, el yo aparece en una desorganización característica, a la vez que
la formación superyóica queda disuelta en sus aspectos más estructurales. En pocas palabras, la explicación
estructural de la regresión psicótica supone la regresión a formas primarias de organización de la experiencia
y de la articulación de los sistemas introyectívo proyectivo de cuyo juego resultan las identificaciones.
Por lo tanto, la regresión psicótica supone la desorganización estructural de los distintos factores que
constituyen al aparato psíquico.
LAS ANSIEDADES BASICAS Y LAS DEFENSAS.
12. De acuerdo con lo anterior, el sujeto queda sometido a un estado de disgregación o
fragmentación, es decir, nos pone en el mundo de las ansiedades básicas. Es aquí donde, como señalan los
estudios de Melanie Klein, van a aparecer las características que la disgregación imprime a las formas
esenciales de la agresividad. Como vamos a ver en la segunda parte de este estudio, son las características de
estructuración original las que plantean los temas de las angustias psicóticas y, consecuentemente, también de
las agresividades básicas, si entendemos a éstas desde el punto de vista de la relación organizativa del sujeto
respecto de si y de los otros.
12.1. Es decir, las angustias o ansiedades básicas que ponen en juego la psicosis, abocan a las
cuestiones de la regresión y la defensa. La teoría del Edipo sirve en el caso de las angustia, en el caso de las
neurosis, para dar cuenta de las regresiones y de las angustias, desde el punto de vista de la dialéctica entre el
deseo y la normatividad. Aquí la angustia procede del temor a la castración y toda su problemática implica,
de acuerdo con las características que adopta la solución edipica, toda una reelaboración de las organizaciones
preedípicas.
En la neurosis, por otra parte, la defensa fundamental es la represión. Por el contrario, las
desestructuraciones de tipo psicótico representan (en la medida en que no han transcendido la problemática
edipica) una organización arcaica; de la misma manera, las defensas son tres básicas: proyección, disociación,
(lo que los ingleses han llamado "splitting fragmentante") y la forclusión, concepto lacaniano que se
corresponde con el concepto freudiano de "verwerfung".
© J. L. de la Mata - 6 -
FORCLUSION Y DESTRUCTURACION.
13. Los anteriores mecanismos de defensa son distintos de la represión: ya en los primeros
estudios analíticos se decía que estas defensas eran "represiones de distinto tipo". La forclusión, por ejemplo,
aparece como el elemento fundamental que restringiría el acceso del sujeto al mundo simbólico y, por lo tanto,
lo que impide la estructuración totalizada del individuo humano. Desde aquí, se comprende ya que el retorno
de lo reprimido en la psicosis no es otra cosa sino el retorno de lo proyectado; es decir, el retorno del momento
fragmentante, como imposibilidad de acceso al mundo simbólico y, en consecuencia, como mantenimiento en
el mundo de la alucinación.
Con esto se indica que el sujeto como tal no existe propiamente, hay un estado de
presubjetividad que es incapaz de organizar todo lo que viene de "afuera". El individuo carece de historia, en
la medida en que carece de matrices objetivo simbolizadoras, en la medida en que carece de la propia
representación de si, inmerso en ese estado de fusión que Lacan llama "de lo real", es decir, ese espacio
fantasmático imaginario en el que todavía no han intervenido la articulación del significante.
14. Esto trae consigo otra diferencia en el terreno mismo de los síntomas. El síntoma
psicótico carece del beneficio secundario que exhibe el síntoma neurótico, hay una ausencia total de placer. Y
esto afecta tanto a la disgregación, como a la desestructuración y a la agresividad. Vale también para las
defensas secundarias contra los síntomas. Nos referimos aquí a ese intento de reestructuración que da origen
al proceso patológico secundario y cuya forma especifica es el delirio.
En las psicosis más estudiadas por el Psicoanálisis, el delirio representa un intento último de
reorganizar el mundo, pero un mundo que procede exclusivamente del estado alucinatorio y, por lo tanto, de
ese momento en el que no existe todavía la identidad individual y, por lo tanto, no existe la capacidad de
trascender la fusión con la madre orgánica.
PSICOGENESIS O CONSTITUCION STE.
l5. Este último elemento nos lleva al problema central de las psicogénesis, es decir, lo que podríamos
considerar sociabilidad del sujeto humano, pero que, en último término, se debe reducir al tema mismo de la
constitución de este sujeto. La sociabilidad alude a las formas originarias de inclusión en los procesos sociales
a través de las formas familiares de interacción. Sociabilidad es él concepto que da al individuo biológico su
caracterización psicológica, esto es, su inclusión en el mundo de la humanidad, como sistema de las
significaciones, en la materialidad concreta de las relaciones sociales. Este es el tema esencial: saber cómo la
interacción familiar interviene para constituir la estructura esencial de representación y de acción en que
- 7 - J. L. de la Mata ©
consiste la conducta. Aquí ya interviene la relación simbólica con la madre, la función legal paternal... y en
definitiva, todo ese mundo que tratamos de expresar, cuando, al decir que es necesario aclarar el proceso
constituyente de la subjetividad, nos referimos al proceso dialéctico psicogénesis/sociogénesis
EL NARCISISMO / CONSTITUCI·N SUBJETIVA
Un eje fundamental del concepto psicoanalítico de psicosis es el del narcisismo, concepto que
está conectado, a su vez, con los conceptos de "criterio de realidad" y "aparato psíquico". En primer lugar,
recordar, como ya hemos dicho anteriormente, que el Psicoanálisis concibe a la psicosis como enfermedad
narcisistica, frente a las neurosis, que serían enfermedades transferenciales. En segundo lugar, hay que indicar
que es el concepto de narcisismo el que establece la articulación entre la primera tópica (inconsciente
preconsciente consciente) con la segunda (Yo Ello Superyo). En la primera tópica, el sujeto es concebido
desde una línea evolutiva y, por lo tanto, en una pura dimensión individual. En la segunda, el modelo se
construye en torno a la interacción de manera que la intersubjetividad genera la intrasubjetividad, para que
ésta de cuenta total de todo lo que se expresa en el concepto de "conducta".
16.1. Desde esa articulación, es como aparece la posibilidad de un aparato psíquico que tiene
que ver básicamente con la interacción en la medida en que está conectado con el problema de la percepción
objetiva de la realidad. Y al decir "objetiva" estamos aludiendo al hecho fundamental de la objetividad como
significación compartida y productiva. Es decir, sólo intentando ver el concepto de narcisismo en sus
relaciones con la objetividad, es como podremos llegar a comprender la revolución freudiana en todo su
alcance.
ELANTICARTESIANISMO DE LACAN. SU ANTIHUMANISMO
17. Como se sabe, la reflexión de Lacan parte del hecho de analizar cómo la teoría freudiana
representa la liquidación del modelo cartesiano de subjetividad. Fundamentalmente en la historia de la
filosofía occidental, el sujeto ha sido un dato incuestionable. Se ha pensado que era el punto de arranque de
todo análisis inicial y de ahí la importancia de los desarrollos psicoanaliticos en los que, como dice Galli, se
analiza la fascinación imaginaria de un sujeto que se cree autónomo e independiente, cuando, en el fondo, no
es sino el reflejo de las imágenes de los otros: De ahí también, la importancia contemporánea que se concede
al tema del self, como concepto de un "si mismo" que tiene que realizarse por interacción simbólico
imaginaria con los demás.
17.1. Freud pone de manifiesto también esa ilusión: ni la conciencia es pura consciencia, ni
© J. L. de la Mata - 8 -
hay dado inicial que le permita al individuo constituirse autónomanente, desde su nacimiento, en subjetividad.
El Psicoanálisis si se quiere paradójicamente, representa dentro de la historia científica del siglo XX un marco
teórico en el que el concepto de evolución no tiene cabida. Con Freud, no se dará el paso verdaderamente
epistemológico de recuperación de la Historia, pero se sale con autoridad de un espacio naturalizado o
biologizado (cosa que no siempre consigue, ni siquiera la psicología actual). Lacan consumará el
antihumanismo, como un asalto más profundo contra todo sujeto naturalizado.
LA DESNATURALIZACION PSICOGENETICA.
18. Como hemos dicho en otros lugares, el recién nacido es incapaz de percibir las diferencias
entre si y el mundo exterior. Es pasivo por importancia motora y psiquica y, sin embargo, es activo por sus
necesidades. No puede satisfacer ninguna de estas necesidades, de manera que tiene que depender de otro, de
ese otro que Freud en el "Proyecto" llamaba "adulto con experiencia" y al que la escuela inglesa ha llamado
"madre con capacidad de reverie". Ese otro subviene a las funciones necesarias para el mantenimiento y
desarrollo de la vida: alimento, higiene y, sobre todo, contacto. Al decir que es fundamentalmente el contacto
lo que marca la intervención del otro sobre el niño, lo que se quiere decir es que la relación entre el adulto y
el niño es básicamente una relación emocional que va a marcar con su impronta la constitución del niño, tanto
en la forma de satisfacer sus necesidades como en la manera de percibir su propio cuerpo.
19. El incremento en necesidades en el niño representa el incremento de estímulos; la
satisfacción de sus necesidades determina el monto y la cualidad de las angustias básicas, de las experiencias
de satisfacción.. Como dice Freud, si la emergencia de estímulos y necesidades incrementa en el niño el nivel
de angustia, la satisfacción y la seguridad que produce la presencia y actividad del "adulto con experiencia"
representa la posibilidad de autonomía e independencia del individuo y su posibilidad de constituirse en sujeto
de su propia experiencia. El sujeto que calma la necesidad produce la satisfacción y ahí mismo empieza a
desarrollarse el proceso de constitución psicológica.
En efecto, cuando reaparece la necesidad, si previamente se ha dado la satisfacción, existe la
posibilidad de representarse ilusioriamente a ésta. En concreto, Freud indica que el nacimiento psicológico no
es otra cosa que la posibilidad de representarse alucinatoriamente la satisfacción recibida en otro momento.
De modo que las primeras alucinaciones, con el resurgimiento de la necesidad, produce la aparición de un
íncipiente aparato psíquico que desarrolla el proceso energético del recuerdo y que, en consecuencia,
determina la falsa vivencia de estar siendo satisfecho. Aesto es a lo que Freud llama "gratificación alucinatoria
de deseos".
- 9 - J. L. de la Mata ©
LO ESENCIAL DEL PROCESO DESDE LA PROYECCION.
20. Es esencial el punto anterior: la percepción de la necesidad se da, a la vez, con la
alucinación de la satisfacción. Sobre esta base se edifica el sentimiento posterior de omnipotencia, siendo la
base del funcionamiento del proceso primario. También en este punto se origina el concepto de Freud de "yo
de placer": es decir, lo esencial es comprender que aunque alucinado, lo satisfactorio es lo que da la primera
entidad al yo. Lo insatisfactorio, aunque es real, es vivido por el cuerpo como ajeno y por ello es expulsado
fuera. Y esta es la base del concepto de proyección.
20.1. A partir de estas primeras experiencias, el niño, en medio de conjuntos de procesos de
mediación, por desarrollo de los movimientos reflejos que aparecen tanto por la necesidad como por la
satisfacción, hacen que el adulto vaya situándose referencialmente frente al niño y por relación dialéctica, que
éste mismo aparezca por reflexión ante sí.
20.2.Pero esto significa la disolución del propio estado alucinatorio: en la medida en que la
alucinación no alcanza a satisfacer la necesidad, en esa misma medida se va definiendo el principio de
realidad, esto es, la posibilidad de representar tanto lo insatisfactorio como lo satisfactorio. Freud indica que
representarse lo real, aunque sea insatisfactorio, significa poder manifestarse de manera tal que se haga
presente la presencia del otro, del otro que satisface.
Aquí entramos ya en pleno meollo teórico de la teoría de Freud: en "Los dos principios del
acontecer psíquico", Freud muestra la dialéctica entre el principio de placer y el principio de realidad. El
primero se satisface sin tiempo, sin mediación, por alucinación; el segundo temporaliza y mediatiza la
descarga, con lo que se producirá la base del desarrollo posterior del pensamiento. En este proceso es en el
que Bion ha encontrado lo fundamental del proceso psicótico.
EL YO ORGANIZADO.
21. Recuerdos y percepciones comienzan entonces a imbricarse, de manera que a las
estructuraciones objetivas corresponden sucesivas estructuraciones y organizaciones subjetivas. Si las
vivencias del niño en desarrollo son predominantemente satisfactorias, las integraciones y organizaciones que
van configurando los recuerdos del niño comienzan a definir el rudimento de un yo. Se vivencian las
experiencias sensoriales, los recuerdos kinestésicos y cenestésicos... de manera que se va constituyendo esa
protosubjetividad a la que han aludido tantos fenomenólogos. Desde estas primitivas organizaciones es desde
donde Freud considera la posibilidad de organizar un yo que funcione. Yo que se constituirá en el centro de
los conflictos, tanto de su recepción, como de su resolución.
© J. L. de la Mata - 10 -
LA DISTINCION DE LOS CONFLICTOS.
22. Aquí ya aparece la necesidad de diferenciar entre el conflicto neurótico y el conflicto
psicótico. En los dos hay una carencia de base, carencia de signo cualitatívamente diferente en las dos
formaciones: En la neurosis, el conflicto es resuelto porque el yo toma partido por el mundo exterior, mientras
que en la psicosis, el yo toma partido por el mundo interior. En la neurosis, el sujeto resuelve la amenaza de
castración no realizando sus deseos; realiza el paso de la introversión a la representación de los objetos
externos, hace en fantasía lo que no realiza en la realidad, pero concluye siempre respetando a este mundo
exterior. En la psicosis, pierden eficacia los recuerdos de las integraciones con el mundo exterior, pierden
significación las representaciones de ese mundo. No queda otra posibilidad que alejarse del mundo de la
percepción, se crea un mundo interno e ilusorio, un mundo que estaría de acuerdo con los deseos del Ello, pero
en desacuerdo con el mundo exterior.
REPUDIO O RENEGOCIACION DE LO REAL.
23. Queda otro punto importante. Tanto en el yo psicótico, como en el neurótico y aún en el
"normal", siempre existe una fisura. El yo nace de una escisión fundamental: reconocimiento de la realidad y
repudio de una parcela de esa realidad; en la psicosis no se trata de que el yo reniegue de una parcela de
cualidad, sino que llega a desconocer y por tanto a desautorizar la realidad convencional, para crearse una
nueva en lugar de la exterior. La neurosis, no repudia totalmente la realidad exterior, sino que crea en paralelo
otra realidad. No niega la realidad convencional, pero se dota de una realidad en fantasía. De esta diferencia
clave van a salir los desarrollos más representativos del psicoanálisis sobre la psicosis.
Así, si integramos esto con el esquema de aparato psíquico que anteriormente hemos descrito,
significa entonces que Freud conecta percepción con conciencia con lo que, sí el mundo exterior es rechazado,
significa que se pierden en el inconsciente las representaciones de cosa. O que en el preconsciente se pierden
las articulaciones de las representaciones de cosa con las representaciones verbales. De manera que el
funcionamiento y la estructuración del aparato psíquico quedan radicalmente alterados, puesto que se alteran
los procesos de representación, de simbolización y de pensamiento.
EL YO COMO MEDIACION OBJETAL.
24. Es aquí donde interviene el concepto de narcisismo. El yo aparece como objeto libidinal,
- 11 - J. L. de la Mata ©
esto es, el yo aparece como un objeto similar a los objetos externos. Aquí lo intersubjetivo se hace
intrasubjetivo; el cuerpo se constituye en un referente empírico, pero también y al mismo tiempo, es metáfora,
porque el propio cuerpo es tratado como el cuerpo de un objeto libidinal. No se trata de que sea un cuerpo
intelectualmente conocido desde un registro propio, sino que es el cuerpo que se sitúa como los otros lo han
marcado al tratarlo como objeto sexual, al darle representación de la imagen de si. Esta representación de si
es lo que plantea la problemática de las identificaciones primarias.
25. Sin identificación primaria no hay constitución humana. Nacer representa tener un
nombre (filiación familiar y social); pero representa también ocupar un lugar en la interacción de las fantasías
y deseos de los demás. Este es el nódulo esencial de la identidad humana, porque antes de tener hay que ser.
A partir de este punto empezarán a jugar su papel las identificaciones secundarias. En la teoría de Freud, el yo
se ofrece al ello como sustituto de objetos del mundo exterior. Si se produce la prohibición de la sexualidad,
el tabú del incesto, el yo incorpora pautas y funcionamientos, señas de identidad de los objetos exteriores que
comienzan a dar consistencia y entidad, diferenciación, al propio yo.
26. Como se ve, hay un nivel fundamental para establecer el rasgo esencial del primer
conflicto humano: diferencia entre las pulsiones objetales y las pulsiones narcisistas. Lo que hay que
comprender es que el narcisismo, en la teoría freudiana es un lugar normal, una fase de transición en la
constitución de toda personalidad: Hay una dialéctica permanente y dinámica entre las pulsiones de objeto que
primitivamente son dirigidas al exterior, después son modificadas por el yo y, finalmente, son devueltas en
actividad al exterior en aquellas actividades que se adaptan o transforman la realidad para hacerla más acorde
con los deseos. En el narcisismo patológico, las pulsiones no salen nuevamente al exterior, se convierten en
hipocondria, en imagen grandiosa de uno mismo, en la negación de la realidad, de manera que se configura y
estructura de ideal del yo sobre el que se cimentará posteriormente la negación de la realidad compartida y
simbólica.
LA PSICOSIS, ALTERACION NARCISISTA... Y/O VINCULAR.
27. En las enfermedades narcisísticas, todo consiste en la dificultad básica de discriminar el yo del no
yo, lo intracorporal de lo extracorporal, lo real de lo ilusorio, la percepción de la alucinación.
Fundamentalmente se trata de una desconexión con la realidad, de su desconexión de los objetos exteriores.
Es en este punto dónde aparece el concepto clínico de "vivencia del fin del mundo": Desaparece todo lo que
puede marcar una diferencia entre el yo y el exterior y todo queda centrado en el sujeto que vive agobiado y
angustiado por su cerrazón respecto del mundo. Se pierde toda conexión verbal que permita enganchar
recuerdos y rememoraciones, con lo que los síntomas no pueden ser entendidos sino como intentos posteriores
© J. L. de la Mata - 12 -
de restitución de los enganches desde este mundo cerrado.
Aquí es donde cobra toda su intensidad el mito de Narciso. El drama narcisistico central es
que el sujeto no puede reconocerse a sí mismo, no se oye hablar a si mismo. Y así venimos a comprender que
lo fundamental del concepto psicoanalítico de psicosis viene a recaer, en último término, en lo vincular.
27.1.Todas las teorías etiopatogénicas sobre la psicosis van a descansar en la relación entre
función materna e hijo. De la posibilidad de que la madre metabolice las angustias del hijo, depende de que
éstas no se conviertan en angustias psicóticas, angustias que serán después la base para la fijación de lo que
por regresión van a ser los cuadros psicóticos. Si la madre no puede entender, decodificar, aplacar, aunque
realice los gestos materiales de la satisfacción, ésta nunca se producirá. La madre tiene que comprender la
angustia del niño, asumirla y devolvérsela integrada. Porque sólo esto le permitirá ir organizando esas
integraciones que constituyen lo esencial del proceso de organización constitutiva de acceso a la realidad
simbólica.
SEMIOLOGIA DE LA PSICOSIS
28.Como en tantas otras escuelas, como modelo de representación semiológica, elegimos en
Psicoanálisis el síndrome de la psicosis esquizofrénica, en primer lugar, porque la esquizofrenia es un
excelente marco para la comprensión de la totalidad de problemas vinculados a la psicosis y, en segundo lugar,
porque la esquizofrenia representa los principales rasgos aporéticos planteados por la psicopatología. De lo
que se tratará ahora es de plantear la posibilidad de incluir a la esquizofrenia dentro de un marco nosológico
más amplio. Por el momento hay que afirmar que nos interesa una semiologia clinica, como semiología que
permita exponer tanto las dificultades del diagnóstico y pronóstico individual, como las que se refieren más
estrictamente a un abordaje comunitario.
EL MARCO DE LAS CATEGORIAS DIAGNOSTICAS.
29. La semiologia en tanto que estrategia de abordaje terapéutico, no define sólo los criterios
evolutivos, diagnósticos y pronósticos desde el punto de vista del individuo, sino que abarca o pretende
abarcar a la problemática que se plantea desde el marco de la salud mental. La semiologia debe permitirnos
comprender y explicar la problemática de la enfermedad en tanto que problemática vinculada a la alteración
del medio ecológico en el que se inscribe el individuo portador de la alteración conductual. En este sentido,
aludir el tema de la psicosis representa intentar comprender al sujeto como sujeto social, familiar, producto de
interacciones simbólicas y mitológicas, sometido a los procesos de productividad social y a la legalidad de las
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instituciones sociales. Desde este punto de vista, lo que pretendemos es obtener una representación conceptual
de las estructuras, los procesos y la dinámica que instalan esa realidad de perturbación psicopatológica.
Por otra parte, queremos indicar que la mayoría de las escuelas psiquiátricas dividen a la psicosis en
dos amplias áreas: por una parte las llamadas "psicosis psicogenéticas" y, por otra, todas aquellas psicosis cuya
etiología se pone a cuenta de factores metabólicos, endocrinos, tóxicos, traumáticos y, en definitiva, a fallas
de tipo orgánico. Aquí nos interesa pretender una comprensión analítica de las psicosis psicogenéticas. Y
dentro de éstas, pueden darse distintas clasificaciones. En lo fundamental, estas clasificaciones se establecen
generalmente sobre un criterio de amplia discusión dentro de las corrientes dinámicas: el concepto de
evolución.
CLASIFICACIONES. LA ESQUIZOFRENIA.
30. Así, Ey distingue entre las psicosis aquellas que tienen una evolución deficitaria de
aquellas otras que cursan sin evolución deficitaria. Entre las que tienen una evolución deficítaria, estarian las
psicosis delirantes sistematizadas, las paranoias en sus distintas formas de presentación, las psicosis
alucinatorias crónicas y las psicosis fantásticas que algunos medios son llamadas parafrenias. Hay otros
autores que incluyen a la parafrenia en la clase de la esquizofrenia.
Aquí vamos a destacar la semiologia de la esquizofrenia, dejando bien establecido que existen
otras formas de psicosis con estructuras similares a las que se presentan en la esquizofrenia, estructuras que
exigen una profunda atención clinica y un diagnóstico diferencial que permita un abordaje adecuado. Dentro
de las esquizofrenias, las formas de presentación clinica habitual, con pronósticos y criterios evolutivos
diferentes, son las siguientes: la forma de presentación simple, la catatónica, la hebefrénica y la paranoide.
Otros autores añaden además las formas esquizoafectivas y las formas pseudoneuróticas. Se añaden las
psicosis afectivas que engloban a las distintas formas de presentación clínica de la psicosis maniaco depresiva,
con el predominio de una u otra fase.
Separadamente, se suele hablar de la psicosis involutiva que aparece vinculada a la vejez o
prevejez, con las dos formas de presentación habitual que a veces pueden combinarse y que son,
respectivamente, la depresiva y la paranoia. Lo que hay que indicar es que esta clasificación sólo puede tener
un valor indicativo, puesto que el contexto familiar y el tejido comunitario superior vienen a definir más
concretamente el conflicto y en consecuencia, la validez del pronóstico y el posible curso de su evolución.
31. Pero ya hemos indicado en otros apartados que el tema básico es el de como concebir la
semiología. O bien como aparato ideológico técnico que considera enfermedad como la manifestación
individual de un conjunto de síntomas, o bien la teoría que ve en el síntoma un efecto expresivo que manifiesta
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una estructura y los procesos de su constitución y manifestación. En la primera teoría, la psicosis no es nada
más que la convergencia de un conjunto de síntomas estadísticamente significativos.
No se plantea el problema de la estructura, hay una primacia del factor estadístico, y se desconoce en
lo esencial todo lo relacionado con una antropología histórica. Por el contrario, una semiologia dinámica
escapa tanto al optimismo positivista como al gestaltismo abstracto. Interesa el problema de la estructura, es
decir, el problema de la organización del aparato psíquico de un individuo y su propia subjetividad. Desde este
punto de vista es posible configurar un marco en el que las hipótesis nos permitan ir dando cuenta de la
problemática conflictiva de la personalidad como personalidad interactuante en un contexto concreto. Una
semiologia fundada desde este punto de vista, es contextual y situacional, y permite la única posibilidad válida
de ir desarrollando con el sujeto afectado la aventura terapéutica que básicamente puede ser comprendida
como un proceso de extracción significativa a la que el sujeto tiene que conferirle la organización de la
estructura de sentido.
SEMIOLOGIA ESTRUCTURAL Y SISTEMICA.
32. Pero una semiologia así comprendida, no se plantea exclusivamente el problema de la
descripción de los síntomas, es decir, no es meramente descriptiva, sino que pretende encontrar los niveles de
manifestación de la estructura y de sus procesos, para caracterizar tanto la problemática de la situación
presente, como el sistema de procesos que han dado lugar a la estructura analizada. Por lo tanto, la psicosis
tiene que ser comprendida esencialmente como una de las posibles estructuraciones del aparato psíquico de
un sujeto.
En Psicoanálisis, se trataría del fracaso de las integraciones de los momentos sucesivos por
los que transcurre el psiquismo humano hasta alcanzar el momento central del Edipo. Estos fracasos que
impiden que el sujeto se inserte en la triangulación edípica, acarrean la imposibilidad de acceso del individuo
a su subjetividad, a su identidad, la imposibilidad de dotarse a si mismo y a los otros de densidad, profundidad
e identidad en último término. Los vacíos que dejan estas faltas de articulación, quedan todos llenos de
restituciones delirantes, imaginarias y fantasmales propias del mundo aluccinatorio.
33. Con lo anterior, lo que definimos es la estructura pura de la psicosis y no la psicosis de un
individuo concreto. Si se quiere, se trata de un modelo abstracto que representa la estructura psicótica, aquella
que se va a realizar de manera concreta y con formas diferenciales en los individuos concretos. Por tanto, es
una estructura abstracta que nos tiene que permitir ser capaces de registrar, organizar y dinamizar los síntomas
presentes en la conducta de un individuo. También se tiende hacer otra definición de la psicosis decir desde el
punto de vista psicoanalítico que se trata de un trastorno y primario de la relación libidinal con la realidad,
como retracción de las cargas de objeto o incremento de la libido narcisista, con tentativas posteriores de
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reconexión objetal.
Esta es otra definición abstracta. Si queremos pasar al plano de lo concreto, consideraremos
entonces las distintas manifestaciones que en una unidad singular de presentación y relación se manifiestan
como extrañación, despersonalización, fragmentación, megalomanía, etc. etc.. Por otra parte, toda esta
sintomática concreta se presenta frecuentemente unida a manifestaciones de tipo neurótico o sociopático. Y
esto es lo que tenemos nosotros que descubrir.
HACIA UN ANALISIS CONCRETO. LA GENESIS.
34. Un tema clásico es, en la evolución psicótica, las formas de comienzo. Desde el punto de
vista práctico hay tantas formas de comienzo como sujetos esquizofrénicos existen. Si queremos centrarnos
más, tenemos que analizar los rasgos sobresalientes y manifiestos de la estructura de personalidad previa a la
descompensación psicótica. Como dirá Bergeret, la estructura prepsicótica aparece siempre con las
características de ciertas formas neuróticas que, en la descompensación, llevan hasta transaccionar hacia las
formas explícitas propiamente dichas. Korman ha señalado alguna de estas características que aquí
sintetizamos esquemáticamente.
34.1. Así, la presencia de rasgos histéricos con la aparición de ciertos trastornos de tipo
conversivo fenómenos aislados de catalepsia, crisis de excitación, etc, que en condiciones de equilibrio puede
llevar a confundirse con histerias más o menos graves. Sujetos con defensas obsesivas son más reacios a la
irrupción psicótica. La obsesión es un tipo de defensa que actúa conteniendo las desorganizaciones. La rigidez
de las defensas tiene siempre que interpretarse como limites opuestos a la irrupción de contenidos psicóticos,
contenidos que, cuando aparecen, lo hacen como experiencias delirantes de experiencia, delirios fluidos, etc..
Menos frecuentes son las fobias que evolucionan a las psicosis, salvo en aquellas fobias con una intensa carga
hipocondriaca. La hipocondria revela siempre una cierta forma del narcisismo y un repliegue de la libido
objetal. También las fobias de componentes simbióticos suelen ser formas que pueden evolucionar hacia la
psicosis.
35. El elemento fundamental a recoger es el de que en todos estos cuadros siempre hay un
cierto continuo entre el sujeto que fué y lo que es, aunque entre aquello y esto, necesariamente se de el tipo
de fractura que es a lo que, propiamente, llamamos irrupción del proceso psicótico. En términos clásicos, la
fractura es lo patogénico; lo que aporta cada sujeto al momento mismo de la descompensación es a lo que
puede denominarse patoplástico. Pero lo más relevante del comienzo de las esquizofrenias puede ser lo que
conceptualmente se denomina como "discordancias": es decir, la aparición de conductas nuevas, extrañas
hasta ese mismo momento para el sujeto. Este elemento transversal tiene profunda en el estudio longitudinal
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e histórico del sujeto psicótico. No siempre, sin embargo, las formas de aparición de las conductas nuevas
puede ser abrupta (los procesos psicóticos de extraordinaria intensidad, las crisis maniacas y las formas
delirantes y alucinatorias agudas, etc.), sino que en otras ocasiones, la emergencia de factores psicóticos es
más insidiosa y lenta.
35.1.Interesa seguir de cerca el proceso, analizar por ejemplo la atipicidad de una manía o de
una forma melancólica pura, que en ocasiones nos puede servir para detectar los elementos psicóticos de tipo
esquizofrénico. Un elemento que no puede ser englobado propiamente como técnica, es la propia experiencia
del terapeuta, esa actitud que puede permitirle, tras varios años de trabajo, determinados rasgos psicóticos en
manifestaciones más o menos equilibradas de la conducta. En este sentido es el contacto mismo con el
paciente lo que permite obtener esos datos. Así, extrañas dificultades que aparecen en el paciente para
entendernos, un tipo especial de perplejidad, cierto nivel de confusión, el desarrollo de una marcada
susceptibilidad; en otras ocasiones, es el sentimiento que experimentamos de extrañeza ante el paciente, como
si éste estuviese conectado con otros mundos y con otras cosas.
Se trata pues, de elementos que pertenecerían más propiamente al análisis de la
contratransferencia, siempre valiosa, pero especialmente en las situaciones en las que es difícil establecer una
clara distinción entre cuadros estructuralmente neurótico o cuadros estructuralmente psicóticos. De estos
elementos de la contratransferencia, como se ha dicho, son frecuentes en la literatura: la impenetrabilidad del
paciente, un sentimiento de aislamiento, las tensiones corporales que se advierten, posturas, reacciones
faciales... Todo esto nos quiere decir que es necesaria una semiologia que no parte sólo de una descripción dé
lo observado, sino un a semiologia que necesariamente se ubica en el marco de la interacción terapéutica.
DEL SINTOMA DE CATASTROFE.
37. Hay que decir algo respecto a los síntomas regresivos de la esquizofrenia. Ya hemos visto
que lo esencial de la estructura narcisistica consiste en una retracción de la libido de los objetos y una vuelta
de esta mismo libido al yo, para constituir el narcisismo secundario. En su registro intrasubjetivo, esta
retracción aparece como la vivencia del fin del mundo. El paciente se encuentra ante el mundo muerto, vacío,
monótono, sin sentido; se siente perplejo y abandonado ante ese mundo desconocido. Y es ahí donde aparecen
los clásicos síntomas de extrañamiento, de desrealízación, despersonalización. A veces estas vivencias son las
que suelen dar origen a los delirios de fin del mundo.
En todo caso, puede ocurrir que se superponga elementos correspondientes al proceso
patológico primario con elementos correspondientes al proceso patológico secundario o restitutivo. El retorno
de la libido al yo produce los fenómenos hipocondríacos y cenestopáticos que casi nunca falta en las
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esquizofrenias. Síntomas que unas veces son como la intensificación de vivencias corporales; pero que, en
otras ocasiones, pueden sentirse como la ausencia o la pérdida de órganos. También la retracción explicaría
los fenómenos de inflación del yo y los rasgos megalomaniacos que pueden quedar como tales o constituir el
punto de partida de delirios megalomaniacos más elaborados.
REGRESION Y SINTOMATICA.
38. Si se pretende registrar más profundamente, habría que distinguir los fenómenos propios del
narcisismo secundario de aquellos otros elementos que surgirían de un narcisismo primario escasamente
elaborado y, por tanto, no incorporado a una personalidad madura, cosa que si ocurre en las neurosis.
Un narcisismo primario no transformado es el constituyente esencial de las personalidades prepsicóticas. Por
otro lado, hay que recordar que la regresión nunca es un proceso global y uniforme; por el contrario, la
regresión es variable, tanto respecto del grado de profundidad como de la duración y localización. En cierta
medida, la regresión es selectiva, afectando en mayor o menor grado a determinadas funciones yoicas. Cómo
se ve a si mismo el paciente, cómo es su capacidad de trasmitir en palabras sus vivencias, su propia capacidad
imaginaria... pueden permitirnos comprender los aspectos a los que atañe la regresión que estamos tratando y,
en consecuencia, la realización de las consideraciones pronósticas en cuanto a la posibilidad del paciente de
elaborar ó no esas situaciones regresivas.
Manifestaciones de esas regresiones narcisisticas y autoeróticas pueden serlo la conducta
exhibicionista, la autocontemplación, el tema del espejo. Hay que comprender además que la regresión
psicótica no sólo es una regresión libidinal, sino también una regresión del yo que se manifiesta por la
aparición de formas arcaicas tanto de ese yo como de su actividad pulsional. Por otra parte, las relaciones
afectivas están totalmente marcadas por la ambivalencia.
RETRACCION Y CONTACTO TERAPEUTICO.
39. Un punto importante a resaltar es el hecho de la extraordinaria sensibilización dentro de
estos estados regresivos, del paciente frente a las actitudes del terapeuta. En autismo o repliegue sobre el yo,
que es lo esencial del narcisismo, no es absoluto: desde estos estados narcisisticos el paciente puede establecer
determinadas relaciones de objeto. Caben matizacíones respecto a lo que tengamos que entender por objeto y,
en este sentido, el tipo de relaciones de objeto que un psicótico establece, desde esas posiciones narcisisticas,
tienen un halo de ambigüedad, de indiscriminación entre el yo y el no yo, relaciones lábiles sujetas a
discontinuidades, con predominio final de la ambivalencia. Ni que decir tiene que valorar semiológicamente
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la forma y la calidad de las relaciones que establece, es un elemento clave para evaluar las posibilidades del
vínculo transferencial. Con otros rasgos, la regresión psicótica supone el retiro de la libido de los
representantes de cosa del inconsciente y una sobrecatexia de la representación verbal en los momentos
restitutivos. Habría, además, una invasión del proceso primario sobre el proceso secundario.
ASPECTOS LINGUISTICOS.
40. Lo anterior permite explicar las alteraciones del lenguaje psicótico: El barroquismo, la
aparición de neologismos que suponen la condensación de distintas palabras, la incoherencia sintáctica. En
definitiva, se trata siempre de trastornos y perturbaciones del proceso simbólico que afecta tanto a la emisión
verbal como a la propia capacidad de contenido del pensamiento. Este puede presentar alteraciones,
esterotipos, actitudes de mutismo o semimutismo, soliloquios....
FORMACIONES DELIRANTES.
41. Un elemento que es importante consignar es el tema de los fenómenos restitutivos, es
decir, de los delirios. En las corrientes organicistas a los delirios se los clasifica; en las corrientes dinámicas,
lo fundamental es aproximarse a la razón del delirio y al propio sentido de éste. Interesa la significación del
delirio, sus condiciones de producción, por que aparece el delirio. En la regresión hay una profunda distorsión
de la experiencia cotidiana. Aparecen los elementos de despersonalización y las propias interpretaciones
delirantes: intuiciones y cogniciones delirantes que tienen que ver con la historia y la situación misma en la
que se encuentra el sujeto. Hemos visto ya que esa regresión supone un incremento en los síntomas
hipocondríacos y cenestésicos, que se produce la experiencia de alteración del yo corporal,con lo que se
produce una carga de superior incremento en la desorganización del aparato psíquico. El delirio no representa
sino la explicación de lo que le ha ocurrido al paciente, encontrar la razón que organice todo ese mundo
caótico. Se acude así a ideas de influencia, a delirios de trasformación del mundo, etc. etc.. Siempre se trata
de un intento de dar cuenta de sus vivencias.
42. Otra condición importante de la producción delirante es la forma regresiva que adopta el
pensamiento psicótico. Se afirma que correspondería a un pensamiento arcaico, primitivo, anterior al
desarrolló del pensamiento lógico. Se trata de un pensar desorganizado respecto de las leyes de la lógica de
intercambio, un pensamiento que condensa contradicciones y las acepta sin dificultad. Es un lenguaje
fundamentalmente emocional, donde el objeto y su símbolo son la misma cosa, donde la parte y el todo se
sustituyen permanentemente, donde la analogía entre objetos puede transformarse inmediatamente en
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identidad. Lo que le ocurre a los objetos puede ser sentido como si le ocurriese algo al yo: a esto se le llama
"transitivismo" que hace posible la técnica de los gestos mágicos, actuar contra la propia voluntad o influir
sobre los objetos a distancia.
También dentro de ese arcaísmo conviene situar el problema del pensamiento simbólico tal
como lo define el Psicoanálisis. En el llamado pensamiento prelógico del esquizofrénico, el símbolo juega un
papel diferente al proceso de deformación que se da en el neurótico. Mientras que éste puede representar
mediante la sustitución simbólica el objeto reprimido, en el psicótico representación y cosa se identifican. Un
neurótico podrá reconocer el símbolo que se da entre un pene y la representación del lápiz, para el psicótico,
en la medida en que el lápiz es significante simbólico del pene, el lápiz es el mismo pene.
En el pensamiento prelógico las representaciones se elaboran sobre ese simbolismo arcaico.
Los estímulos provocan reacciones iguales son considerados idénticos; se perdería la función metalíngüistico
de la comunicación, pero también, y dentro del modelo de Jakobson sobre las funciones del lenguaje, se
perdería también la comprensión de la función código del mensaje. Naturalmente, esta distorsión simbólica
potencia lo que hemos llamado en ocasiones "pérdida de la realidad". Bion señala que la génesis misma de los
símbolos están alterada en estos pacientes. Los procesos que terminan normalmente en la producción de
símbolos en los neuróticos, fracasa en los psicóticos porque no hay una organización completada, de manera
que no sea estrictamente un acceso al universo simbólico.
DINAMICA DEL DELIRIO
43.La producción delirante y alucinante tiene que ver con determinados desarrollos del
superyo. Si es posible hablar de ciertos núcleos de superyo, cuando estos núcleos permanecen dentro de los
limites del sujeto, entonces podemos hablar de las características del superyo melancólico. Esto supondría en
el plano nosológico un emparentamiento estructural entre algunas formas de esquizofrenia y de psicosis
maniaco depresívas, o bien la presentación externamente melancólica de algunas esquizofrenias. En otras
ocasiones, el sistema superyo ideal del yo es proyectado externamente y se tendría ahí el punto de partida de
los delirios de observación y de influencia que significarían como la reactualización de las funciones de ese
sistema, pero influencias que provienen del exterior del sujeto. Así nos encontramos con esos casos en los que
el sujeto se encuentra constantemente vigilado, observado, acusado o que se les adivina el pensamiento.
LA ESTRUCTURA DEL SUPERYO.
44. Hay otros síntomas psicóticos que también podrían ser explicados por el papel del
superyo: sentimientos de culpa muy intensos ante hechos venales, necesidad de castigo, autoacusaciones,
© J. L. de la Mata - 20 -
expiaciones, etc.. Ese superyo arcaico y sádico puede rastrearse también en el contenido de ciertas
alucinaciones, especialmente las auditivas como alucinaciones más frecuentes en los esquizofrénicos. Hay que
referirse en este puntua las propiedades de aglutinación que los psicóticos tiene todo lo verbal. También es
importante recordar en los psicóticos las formas más primitivas o embrionarias del superyo como instancias
que desencadenan en el psicótico ese sentimiento de culpa tan persecutorio y tan aterrador.
45. Otro aspecto importante en la génesis de los delirios es el tema corporal. Como ya se sabe,
la libido retirada de los objetos regresa al propio individuo, con lo que se produce un aumento del tono
libidinoso corporal, con ciertas zonas u órganos del cuerpo. El paciente suele expresar las deformaciones que
experimenta su cuerpo, la pérdida de sus limites corporales, el sentimiento de la circulación de sus humores,
etc., etc.. Todas estas sensaciones nos muestran el grado de fragmentación corporal, sirviendo de materia
prima a las elaboraciones delirantes, especialmente a los delirios de carácter hipocondríaco. Tenemos que
recordar que se produce una hipersensibilidad cenestésica que da origen a construcciones e interpretaciones
delirantes con los que se pretende dar cuenta de las transformaciones que el sujeto experimentan su interior.
46. Gisela Pankow indica que las ideas delirantes muestran la proyección de partes del propio
cuerpo en el mundo exterior o en los propios perseguidores. Hay fenómenos delirantes de intercambio con el
medio, en los que se utilizan procesos de incorporación anal, pero también fantasías de incorporación
oral,respiratoria, etc.. Es ese retorno libidinoso hacia el yo lo que puede explicar también el desarrollo de los
delirios megalomaniacos y de identificación con personajes históricos o míticos.
DELIRIO Y HOMOSEXUALIDAD.
47. La homosexualidad es otro aspecto de gran importancia en la psicosis. Como se sabe, es
clásico que conflictos homosexuales sean defendidos por mecanismos proyectivos, como se ve en las
paranoias o en las formas paranoides de la esquizofrenia. Igualmente, problemáticas de carácter homosexual
pueden dar origen a los delirios celotipicos o erotomaníacos que ya Freud defendió en su tiempo. En otras
ocasiones, sin embargo, lo homosexual psicótico no es sino una forma restitutiva, es decir, que en la regresión
psicótica aparecen elementos homosexuales que el paciente acepta, por más que esta restitución sea precaria
y, a la vez, teñida de omnipotencia.
48. Si se pretendiera establecer a grandes rasgos las condiciones de emergencia del delirio,
podríamos decir lo siguiente: un sujeto, por via de conflicto, pierde su contacto con la realidad y regresa a un
tipo de pensamiento arcaico, prelógico, con un simbolismo primario y con regresión libidinal y objetal a
etapas arcaicas del desarrollo. Esto supone una regresión concomitante con las estructuras del yo y las del
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propio superyo. En ese momento, vivencias corporales no organizadas conmueven al sujeto. Este intenta
reconectar con la realidad y es en ese punto donde y cuando surge el delirio.
FENOMENOLOGIA DEL DELIRANTE.
49.Importa también consignar que las vivencias del sujeto se relacionan con una situación
catastrófica, angustiante por el sentido de aniquilación, contradictorio por la ambivalencia de las fuerzas de
exaltación y omnipotencia, con sensaciones cenestésicas que no controla, influido y manejado por todos. con
una profunda extrañación de si... Todo esto contribuye a constituir el mundo del psicótico y es ahí que el único
recurso de organizar ese caos vivencial, donde todo se establece en polaridades extremas, es ahí donde
necesariamente surge el delirio. Los contenidos delirantes son, por una parte, un reflejo de ese mundo interno
y, por otra, un intento desesperado de renegociar el contacto con el mundo exterior. El tipo de delirios y su
contenido, los mecanismos utilizados, los puntos de partida... dependen estrictamente de cada uno de los
pacientes. El delirio es una formación muy individualizada y cuyos puntos fundamentales de comprensión se
establecen en la biografía individual inscrita en una ecología familiar especifica.
FORMACIONES DELIRANTES.
50. En páginas posteriores vamos a incluir un articulo de otro autor así como un cuadro que
permita de acuerdo con las categorías vigentes de análisis psicopatológico, clasificar los delirios. Para
nosotros, esas clasificaciones pueden tener el peligro de olvidar la dinámica misma del delirio y, sobre todo,
llevarnos a hacer perder de vista al sujeto que está delirando, a los condicionantes de su situación y a los
componentes estructurales de su conflicto. El delirio es una de las manifestaciones del proceso psicótico:
aunque la mayor parte de los psicóticos han delirado alguna vez, es también necesario recordar que no hay
ninguna personalidad "normal" que no delire en muchos de los procesos de normativización.
En consecuencia, el delirio no es sólo una manifestación de la estructura psicótica profunda,
sino una manifestación de la estructura de la subjetividad. En ese sentido, tienen mucho más valor heuristico
y explicativo las tesis de los psicopatólogos de orientación sistémica que explican el delirio a partir de su
predisposición y formación en los sistemas familiares actuantes. Y, en consecuencia, habrá que hablar de
estructuras vinculares, en las que la predisposicíón a utilizar un código de circulación muy restringida, como
es el delirio, tienen una gran importancia.
51. Etiopatológicamente, la psicosis es el efecto de un fracaso vincular, es el efecto de un
fracaso en la función materna, pero también paterna; es un fracaso afectivo de urna madre que no tiene
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capacidad de reverie. Es por consideración a los momentos estructurales en los que se gesta el psiquismo
humano donde tiene su explicación la emergencia del problema psicótico. Se puede afirmar que la
psicogénesis es un drama que tiene una serie de figuras clave así como un sistema de conflictos que
constituyen la trama de la andadura de un personaje que tiene que encontrar su identidad.
La psicosis es una falla de las relaciones de los protagonistas de esa historia, el fracaso
manifestado como sucesivas crisis en el planteamiento y en la forma de resolver los conflictos por los que el
individuo tiene que pasar, para su constitución subjetivo personal. Son esos fracasos los que pueden explicar
la aparición de la homosexualidad en un esquizofrénico paranoide o esas fragmentaciones que se tienen que
defender por medio de un conflicto: El conflicto no es la homosexualidad ni siquiera los mecanismos con los
que se defiende de ella: la psicosis hay que buscarla en aquellos momentos en los que se elabora la estructura
de la personalidad, en los que se fragua la identidad de autorreferencia de un sujeto de vivencias, percepciones
y comunicaciones. La psicosis es uno de los efectos posibles que aparecen como consecuencia de ese proceso
en el que lo biológico anatómico es ó no transformado por la función del significante como instancia que
regula la intervención de unos agentes socializadores de un individuo que tiene que acceder al plano de la
humanidad.
52. Por lo tanto, es en las características de esas vicisitudes y no en los síntomas donde hay
que buscar la psicosis. En todo caso, el delirio siempre surge como un intento de reconexión relacional con la
necesidad de restablecer el contacto con la realidad. En término estrictos, significaría una de las operaciones
del yo que pretende, a través de un material muy regresivo, establecer sus regulaciones sintéticas. Los delirios
contienen elementos de la realidad rechazada que regresa, pulsiones y fantasías propias de fases de conflicto,
desarrollo de defensas que, en un momento determinado, tuvieron una eficacia así como también de elementos
formales superyóicos no integrados y que se proyectan sobre el exterior. El origen de los delirios muestra
también un polimorfismo y una sistematización: muy característicos. En todos los casos hay que hablar de
temáticas que se refieren a la dinámica intrasubjetiva e íntersubjetiva histórica del sujeto, temática siempre
considerada desde el punto de vista del narcisismo y de la regresión profunda.
53. También en general, es importante marcar las diferencias, en cuanto al pronóstico, entre
el psicótico que delira y el que no delira. Si el delirio es un intento de reconexión y resignificación, entonces
no cabe duda de que hay un pronóstico más favorable para todas aquellas ocasiones en las que nos
encontramos con el delirio. Esto no es una afirmación absoluta, puesto que siempre se trata de conexiones
restitutivas que están cargadas de omnipotencia y de fragilidad y, por lo mismo, tienen también la dimensión
negativa de que esas características representan auténticos obstáculos contra el establecimiento del vínculo
con la realidad.
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ULTIMAS CONSIDERACIONES
54. Además de los elementos regresivos y de los restitutivos, en todo cuadro psicótico, como
ya indicaba Freud en su "Introducción al narcisismo" existen siempre defensas neuróticas de la personalidad
y que son esas defensas que tendrán importancia en el abordaje terapéutico de la psicosis. Hay que afirmar
que son mucho de esos restos los que pueden jugar un papel importante a lo largo de la relación terapéutica,
en la medida en que un hundimiento total significa una prolongación muy peligrosa de los momentos iniciales
de la relación terapéutica.
55. Otro aspecto a considerar seria el de las fases terminales de la psicosis. Como se sabe, Ey
insiste en la afirmación de que una falta de estabilización y remisión del estado incipiente de la esquizofrenia
suele concluir una desorganización más profunda. para él, las fases terminales se agruparían en tres grandes
grupos en uno predomina la inercia y la regresión casi total de la vida psiquica, con vida vegetativa y
comportamiento automático; en un segundo grupo, predominaría la incoherencia ideoverbal y, en el tercer
grupo, prevalece el delirio..en todas sus manifestaciones. Consideramos, sin embargo, que este tema depende
más de los conceptos de tratamiento y cronificación que de otra cosa. Y estos puntos serán tratados en otros
artículos posteriores.
Jose Luis de la Mata
Donostia mayo de 1.990

DEPRESIÓN Y RENDIMIENTO LABORAL

XI CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO
PSICOANÁLISIS Y MEDICINA
-Segundo Encuentro-
DEPRESIÓN
Y
RENDIMIENTO LABORAL
Mercedes Morales
Eva Méndez
Clémence Loonis
Magdalena Salamanca
II
DEPRESIÓN Y RENDIMIENTO LABORAL
“Sin duda la rebelión psíquica contra la aflicción, contra el duelo por algo perdido,
debe haberles malogrado el goce de lo bello”
(Sigmund Freud)
1. INTRODUCCIÓN
La siniestralidad laboral, en forma de bajas temporales o permanentes, de accidentes de trabajo
de la más diversa gravedad, que en algunos casos pueden llevar a la muerte; la improductividad o
escaso desarrollo profesional; los elevados costes que supone al trabajador, a la familia, al gasto
público arrojan unas cifras, desarrolladas más tarde, que nos hablan de la importancia del asunto que
queremos abordar cuando se habla de depresión en el marco laboral.
¿Son estos síntomas de la desgana personal o simplemente consecuencias de las palabras
hombre y trabajo?
Nosotros creemos que hombre y trabajo son dos palabras unidas por su propia naturaleza.
Aunque se nos plantea la pregunta ¿Cómo en individuos con similares características se dan actitudes
diferentes?
La labor psicoanalítica nos ha descubierto que el hombre enferma de neurosis a consecuencia de
la privación. Entendemos por tal la privación de sus deseos libidinosos. El duelo es por lo general la
reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente: la patria, la libertad, el ideal,
etc...
En el duelo se pierde la capacidad de elegir un nuevo objeto amoroso, lo que equivaldría a
sustituir al "desaparecido". Esta inhibición y restricción del yo es la expresión de la entrega total al
duelo, que no deja nada para otros propósitos es triste y dolorosa.
Pero paulatinamente se va elaborando y aceptando la realidad, somos conscientes que es una
situación transitoria que entendemos perfectamente. No alcanza el grado de enfermedad, no es
patológico.
III
La melancolía se caracteriza psíquicamente por un estado de ánimo profundamente doloroso,
una cesación del interés por el mundo exterior.
El melancólico se dirige amargos reproches, se insulta y espera la repulsa y el castigo, el cuadro
de este delirio de empequeñecimiento (principalmente moral) se completa con insomnio, rechazo a
alimentarse y un sojuzgamiento muy singular.
Al principio existía un enlace de la libido al objeto amado, cuando nuestra capacidad amorosa,
intenta emprender nuevos caminos tiende a fines que el yo se ve obligado a abandonar.
La sombra del objeto cae sobre el yo, y este último, a partir de este momento, puede ser juzgado
por una instancia especial como un objeto, y en realidad como el objeto abandonado. De este modo se
transforma- la pérdida del objeto, en una pérdida del yo y el conflicto entre el yo y la persona amada,
en una disociación entre la actividad crítica del yo y el yo modificado. El sujeto no sabe lo que ha
perdido, es una pérdida inconsciente, como un duelo que no puede resolver.
La elección del objeto ha debido tener efecto sobre una base narcisista, de manera que en el
momento en que surja alguna contrariedad pueda la carga del objeto, retroceder al narcisismo.
Así la identificación narcisista con el objeto se convierte en un sustitutivo de la carga erótica, y no
puede ser abandonada la relación erótica a pesar del conflicto con la persona amada.
En otros casos la neurosis alimentaria paralela a la melancolía es la anorexia que parece
representar una melancolía en presencia de una sexualidad rudimentaria. La paciente asevera no haber
comido simplemente porque no tenía apetito que equivale a la pérdida de la libido en términos
sexuales.
Porque no ha podido sustituir ha perdido su capacidad de vivir y su interés por el mundo.
El sujeto no ha podido sustituir un objeto amoroso por otro, un ideal por otro, una manera de
trabajar con otra, una forma de vida por otra.
IV
Las consecuencias de la depresión son devastadoras en todos los terrenos de nuestra vida. A
nivel laboral supone bajas, accidentes, improductividad, siniestralidad, incapacidad para relacionarse y
los consiguientes gastos; que con un adecuado tratamiento de podrían subsanar.
2. LA LIBIDO EN LOS SUJETOS DEPRIMIDOS
El psicoanálisis nos propone investigar cual es la economía libidinal en el duelo y la melancolía;
porque comparten varios rasgos, si bien en la melancolía encontramos como característica una
disminución del amor propio que la diferencia del duelo.
La disminución del amor propio dice del proceso peculiar que toma la libido ante lo perdido. La
capacidad amorosa tiene que ser pensada de manera dinámica. Hay determinados objetos sobre los que
recae una carga de libido, pero ante su pérdida esta queda liberada y puede tomar dos caminos:
• uno de ellos, tomar otros objetos como sustitutos, y
• el otro, retornar transitoriamente al yo.
En el melancólico algo que económicamente debiera ser retorno transitorio se hace crónico.
No se puede hablar de cual sea en la melancolía el destino de la libido retraída de los
objetos, porque la argucia de esta afección es que no se resigna a retraer la libido del objeto sino que se
identifica con él para así seguir amándolo. El yo se apropia del objeto perdido reconstruyéndolo en sí
mismo, se identifica con el objeto perdido y queda así libidinizado. La sombra del objeto cae sobre el
yo, a partir de este momento es susceptible de ser juzgado por una instancia especial como si fuera el
objeto perdido, lo que da lugar a que la pérdida de objeto se transforme en pérdida del yo. La libido
objetal se transforma en libido narcisista, la identificación del yo con el objeto abandonado es un
sustitutivo de la carga erótica, lo que significa que podemos hablar de un empobrecimiento de la vida
amorosa del sujeto en tanto que hay una regresión de un tipo de la elección de objeto al narcisismo
primitivo.
V
La identificación en este momento es a modo de precaria incorporación, siguiendo la fase oral o
canibalística del desarrollo de la libido, por lo que la melancolía se ve acompañada de trastornos de la
alimentación, aunque la inhibición de las funciones del sujeto deprimido es generalizada.
Cuando los objetos de nuestro amor se destruyen o se pierden, la capacidad de amar del sujeto
se pone nuevamente en juego, ha de investir la libido en otro objeto, ser capaz de sustituir. Poder
sustituir supone un grado de salud necesario para amar y trabajar.
Freud propone suponer que el que las cosas sean perecederas incrementa su valor, por las
limitadas posibilidades de gozarlas, y por su carácter de ser raras en el tiempo, y en este
posicionamiento hay una apertura hacia la sustitución, se cuenta con la mortalidad.
La sustitución es la pieza del engranaje que no funciona en la economía libidinal del estado
melancólico. Nos dice Freud que “El hombre no abandona gustoso ninguna de las posiciones de su
libido”, se aferra a sus objetos aunque haya encontrado sustitutos; se trataría de estar capacitado para
poder desplazar la carga afectiva.
La condensación y el desplazamiento operan en el campo del lenguaje, el inconsciente está
estructurado como lenguaje, la melancolía en el curso del tratamiento psicoanalítico es susceptible de
modificación.
Abandonada a su devenir, la melancolía empobrece al sujeto en la medida en que al mermar la
libido objetal, el amor se hace imposible y tampoco se puede trabajar, puesto que no cabe pensar una
disolución de la propia personalidad en favor de la carga de objeto, no hay lugar para el altruismo.
La alianza no se lleva a cabo entre un sujeto y otro, la alianza se traba en el yo y esa es la traba
para con lo social. El yo, que es el representante del mundo exterior o de la realidad, está vuelto hacia
sí mismo, apartado del mundo exterior, privado al intercambio social.
Se podría hablar de que es una exigencia para la vida superar el narcisismo siendo capaces de
investir de libido objetos exteriores, si bien es cierto que un intenso egoísmo es lo que nos protege
contra la enfermedad, también lo es que para no enfermar uno tiene que poder amar y que enfermamos
VI
al poco que nos encontramos con una frustración que nos impide amar. No hay que perder de vista la
hostilidad propia de la reacción primitiva del yo contra los objetos del mundo exterior, puesto que es
esta la razón de que la depresión pueda conducir al suicidio. El yo es susceptible de tratarse como un
objeto, la hostilidad contra el objeto perdido la paga el yo, en los casos en que la melancolía acaba con
la vida del enfermo lo que se ha llevado a cabo es la eliminación del objeto perdido, sería un asesino
tímido que mata en él al otro perdido.
3. EL TRABAJO EN EL MELANCÓLICO
Freud responde a la pregunta: ¿Qué sería un hombre sano?, "un ser humano capaz de trabajar y
amar." Menassa nos lo dice así: "Ese sería el hombre sano, el hombre que sin necesidad de pensar que
el mundo se destruye lo vea crecer". Así que cualquier patología tendría que ver con inhibiciones de la
evolución, con inhibiciones en la conjugación de estos verbos.
Sabemos que el hombre nunca renuncia del todo a esa madre primitiva que lo podía todo,
podríamos entonces llamar perdida a la atribución que el niño le hacía, la relación con la madre deviene
inconsciente por no renunciar a ella y el sujeto la incorpora en su yo. Hasta aquí se está dibujando el
complejo fenómeno de identificación preciso para el desarrollo de cualquier sujeto, en efecto nos
construimos desde el otro.
En el caso de la melancolía, enfermedad que nos permitió establecer que el yo se dividía en dos
partes, una de las cuales combate implacablemente a la otra, hemos visto que se trataba de un
mecanismo de identificación donde el proceso toma una parte de los caracteres del duelo y otra del
proceso de la regresión a la elección de objeto narcisista al narcisismo.
Entonces en la depresión, frente a la perdida, en lugar de sustituir, que sería el proceso más
sano, hay una perdida que no se puede resolver, el yo, por no dejar que exista algo imposible, se
constituye como objeto. Así llega a la ilusión de un lugar de unión en vez de una escisión.
VII
También podemos leer esa falta desde el futuro, en la necesaria aceptación de la propia
ausencia. Lo que se anuncia en la perdida no es otra cosa que el límite de la propia muerte, puede ser lo
mismo cuando se pierde una cosa o la representación de una cosa, o cada vez que se termina algo.
Aceptar la mortalidad es un grado más de humanización que permite la sublimación es decir
que la libido se desplace del yo hacía un producto social.
En el Caso Clínico del Hombre de los Lobos trabajado por Freud, lo explica así "fue muy
interesante experimentar con el sujeto cómo cada fragmento libertado de la libido homosexual buscaba
un empleo en la vida y una adhesión a las grandes tareas de la humanidad."
¿Cómo se puede pensar al depresivo como trabajador en potencia cuando su debate es entre sus
yoes? Donde el yo castiga al otro yo, cesa todo interés por el mundo exterior, disminuye el amor
propio. El sujeto puede manifestar su dolor psíquico en dolores orgánicos lo que provoca incluso
graves disfunciones en el cuerpo. El movimiento de la energía psíquica y la inteligencia disminuyen de
una forma radical en ese embrollo.
Es el futuro que le anuncia su límite, que le impide salirse de sí mismo, en ese intento de
hacerse inmortal.
El psicoanálisis nos enseña que el trabajo psíquico lleva siempre la misma cantidad de energía,
se trataría entonces de pasar del goce masturbatorio al goce de las diferencias.
Si lo más importante de mí esta fuera de mí, cuanto más acepto la mortalidad más puedo con las
conjugaciones, con las sustituciones, y dar paso a una dimensión de la creatividad.
Trabajar es un acto de amor cuando el trabajo realizado genera más riqueza que la necesaria
para pagar el trabajo, cuando hay ganancias, cuando se benefician otros. O como nos lo dice Lacan dar
lo que no se tiene a quien no es.
VIII
4. CONSECUENCIAS
En el Manuscrito G sobre la Melancolía Freud nos dice: "No sería descabellado partir de la
siguiente idea: La melancolía consistiría en el duelo por la pérdida de la libido"
Todos y cada uno de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos experimentado la
pérdida de un ser o algo muy querido por nosotros, es en este momento cuando entramos en duelo. Lo
que ocurre es que hasta ese instante la libido estaba ligada a ese objeto determinado, al perderlo o ser
destruido, dicha libido vuelve a quedar en libertad para ser ligada a otros objetos o bien retornar
transitoriamente al yo. Pero el duelo se produce porque es tal la ligazón de la libido a los objetos, que ni
siquiera cuando ha encontrado sustitutos quiere desprenderse del objeto perdido.
Así sucedió en el comienzo de nuestra evolución: El niño hace recaer sobre la madre su primera
carga de objeto, mientras que con el padre se produce una identificación. Pero esta relación con los
progenitores se mantiene sólo hasta que se intensifican los deseos sexuales frente a la madre y por tanto
el padre es un estorbo entre ellos, aquí surge el Complejo de Edipo. Es decir, surge una relación
ambivalente frente al padre, tornado el interés del niño hacia la eliminación del mismo para encontrarse
más cerca de su madre.
Cuando el Complejo de Edipo se diluye tiene que ser abandonada la carga de objeto de la
madre, y en su lugar surge una identificación con la madre o se intensifica la identificación con el
padre. Lo que permitiría la conservación de la relación cariñosa con la madre. De esta manera se
reafirma la masculinidad del niño. También puede suceder que la identificación se produzca con el
objeto perdido, introduciendo en el yo el objeto abandonado o perdido, como ocurre posteriormente en
la melancolía.
Podemos decir que de estas primeras identificaciones, tanto en el niño como en la niña, relativas
a esta fase sexual dominada por el Complejo de Edipo, queda un residuo en el "yo", consistente en el
establecimiento de estas dos identificaciones enlazadas entre sí, apareciendo el "Superyo", como
IX
residuo de las primeras elecciones de objeto del "Ello", y a su vez, como una enérgica formación
reactiva frente a las mismas. ( Advertencia: Así -como el padre- debes ser. Prohibición: Así -como el
padre- no debes ser: no debes hacer lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente
reservado.)
Explicamos el doloroso sufrimiento de la melancolía, estableciendo la hipótesis de una
reconstrucción en el yo del objeto perdido; esto es, la sustitución de una carga de objeto por una
identificación.
Nos dice Freud: "La labor psicoanalítica enseña que las fuerzas de la conciencia que hacen
enfermar a ciertos sujetos a causa del éxito, del mismo modo que la generalidad enferma a causa de la
privación, se hallan íntimamente enlazadas al Complejo de Edipo, a la relación del individuo con su
padre y su madre, como acaso, también en general, nuestro sentimiento de la culpabilidad."
La melancolía se caracteriza por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del
interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y
la disminución del amor propio. La esencia de lo que hoy conocemos como depresión tiene sus bases
en la Melancolía.
Conocemos ya el efecto demoledor que la melancolía ejerce sobre el sujeto pero ¿conocemos
las consecuencias que los sujetos deprimidos proporcionan a su entorno, a su vida personal, a su
trabajo?
Según un estudio realizado por profesionales del mundo de la psiquiatría, muchos de los sujetos
que padecen un trastorno depresivo, acuden al médico con quejas somáticas, o cuadros mixtos de
depresión y ansiedad, o incluso con quejas inespecíficas, lo que hace que la patología sea
incorrectamente diagnosticada e inadecuadamente tratada.
X
Por tanto nos encontramos ante una primera dificultad ¿cómo identificar un sujeto depresivo?
El psicoanálisis ayudaría a determinar en una primera entrevista clínica la gravedad de la dolencia que
el paciente trae consigo.
¿Sabían ustedes que el gasto de los países desarrollados, sólo en enfermedades mentales,
supone un 1% del producto nacional bruto y un 10% de su presupuesto sanitario en el tratamiento de
las mismas? La depresión en EEUU supone un gasto de 43 billones de dólares. (Unos 7.000 billones de
pesetas)
Resulta alarmante acercarse a las cifras, sobre todo desde un punto de vista psicoanalítico, ya
que nosotros sabemos que estos gastos se reducirían a una tercera parte.
El 70% de los pacientes deprimidos son menores de 45 años, es decir, están en la etapa de su
vida en la que les toca trabajar; la depresión es una enfermedad que afecta a todos los rincones de la
vida anímica del sujeto. Un sujeto con depresión pasa más días en la cama que personas con
enfermedades como la diabetes, la artritis, trastornos gastrointestinales, problemas de espalda o
hipertensión arterial. Los pacientes tratados, farmacológicamente, de un episodio depresivo pierden una
media de 33 días de trabajo, mientras que los pacientes que no reciben ningún tipo de tratamiento
pierden casi el doble 60 días.
El tratamiento psicoanalítico reduce estas cifras, probablemente, a cero. Un sujeto deprimido en
tratamiento psicoanalítico podrá seguir su vida normal produciéndose mejoría desde el primer día de
tratamiento.
Los costes por la pérdida de productividad por depresión fueron de 12'1 billones de dólares en
1990 (1936 billones de pesetas), en esta cantidad se toman en cuenta factores como los porcentajes de
reducción salarial por persona o los días de trabajo perdidos, la media salarial que los individuos
hubieran obtenido de no encontrarse enfermos, etc… Pero en esta cifra no están incluidos los gastos
XI
hospitalarios, los farmacológicos, los producidos a la familia del sujeto, ni los trastornos en la vida
normal de la gente que les rodea.
No sólo son estas cifras de carácter alarmante, también encontramos cifras que nos hablan de la
mortalidad por suicidio en sujetos depresivos. Ya hemos escuchado en otras ocasiones que el
melancólico llega al suicidio, ya que mata en él al otro. Al objeto perdido con el cual se ha identificado
su yo.
Un 15% de los pacientes que sufren depresión se suicidan. Y entre un 40 y un 70 % de todas las
víctimas de suicidio sufren depresión mayor, es decir melancolía.
Pero también son otras las causas que llevan a los pacientes deprimidos a la mortalidad, si los
comparamos con los sujetos no deprimidos. Por ejemplo en personas mayores de 55 años se producen 4
veces más muertes si son personas con síntomas depresivos.
La melancolía no sólo afecta al estado de ánimo sino que también tiene consecuencias a nivel
social que deberían ser objeto de estudio para poder darnos cuenta de la gravedad de la enfermedad y la
importancia de la prevención.
La depresión se encuentra entre las cuatro primeras enfermedades que originan mayor coste a la
sociedad, junto con el Cáncer, el SIDA y las enfermedades respiratorias, estando por encima de las
enfermedades coronarias.
El psicoanálisis, aún ciencia joven, establece nuevas posibilidades para las enfermedades.
En Extensión Universitaria la voz del poeta nos brinda la fórmula: “ La felicidad sólo puede
hallarse en el camino del trabajo.”